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Música Clásica y ópera de Classissima

Giacomo Puccini

martes 17 de enero de 2017


E così dolce il suon della sua voce...

19 de diciembre

“La rebotiga” de Marcel Gorgori

E così dolce il suon della sua voce... “La rebotiga de l´òpera”, algo más o menos que traduciríamos como la trastienda de la ópera. Todo aquel trabajo que sabemos que existe detrás de cualquier representación o concierto, y que sin embargo no vemos. Un esfuerzo que no es en ocasiones suficientemente apreciado, pero sin él, cuando los intérpretes salen al escenario, no se produciría el efecto que deseamos. No se produciría la magia. Magia es lo que se percibe cuando una está sentada en el teatro y sale el tenor de turno y borda un aria que se concatena con un dúo electrizante con la soprano. Luego llega el turno del enfrentamiento con el barítono que acostumbra a ser el malo de la función, y todo ello, para finalizar en un concertante final que pone punto y aparte a un acto, para seguidamente dar inicio al otro. Magia. Y nos quedamos con la boca abierta y admirados ante semejante situación. Todo acorde, todo milimetrado hasta el más último detalle. Pero este efecto requiere disciplina y no es sino fruto de un pesado entreno. Así como el ilusionista pasa horas y horas delante de un espejo anhelando encontrar la perfección para que no se descubra el truco, los intérpretes invierten el tiempo en el estudio y en los arduos horarios de ensayos. Somos conscientes de ese trabajo aunque hasta cierto punto. De los ensayos, ensayos y más ensayos. Pero, desafortunadamente no podemos ser testimonios de esas largas jornadas. Un quehacer que para mí, es de lo más interesante. Poder ver las dudas, las inquietudes, los miedos o las dificultades de los intérpretes a la hora de afrontar una ópera entera, un dúo o un aria. Por lo tanto se agradece cualquier iniciativa que nos permita poner la nariz donde nunca hemos sido invitados. Y, precisamente esto es lo que pudimos saborear ayer por la tarde en el Teatre Kursaal de Manresa dentro de un nuevo espectáculo que, bajo el título comentado al inicio, tiene la pretensión de mostrar todo aquello que escapa del ojo del aficionado. Detrás del telón Esto es lo que se nos propone desde Simfonovauna iniciativa que tiene como objeto crear espectáculos operísticos pero introduciendo salpicones de pedagogía y comunicación. Tras este proyecto de semejante envergadura, como no podía ser de otra forma, está MARCEL GORGORI. Gorgori es una figura lo suficientemente conocida en el mundo de la ópera y su trabajo marcó un antes y un después dentro de esta difícil disciplina. Su forma de abordar temas tan complicados –siempre con tintes didácticos- ayudó a muchos aficionados a empezar a comprender y a ver la ópera desde una perspectiva diferente durante su etapa televisiva. ¿Quién dijo que la ópera es algo difícil? Marcel Gorgori siempre la hizo fácil. Y lo demostró más de una vez, semana tras semana, en el tristemente genial y desaparecido “Nit d´arts”.   Y al cabo de tanto tiempo, continúa con el mismo espíritu e ilusión. “La rebotiga de l´òpera” no deja pues de ser “una cara lavada” del “Nit d´arts”, con muchos más recursos a nivel audiovisual y que además, aúna a la magia y a la emoción del directo de ver a aquel que revolucionó la didáctica en la ópera. Marcel Gorgori, de profesión periodista – aunque sobran las aclaraciones- es un gran comunicador. Entusiasma a la gente con su entusiasmo y emociona al público con sus emociones. Y ayer por la tarde lo hizo de nuevo. Tocó temas varipintos que fueron desde las exigencias de los directores de orquesta para con los intérpretes, pasando por las dificultades de algunos momentos que se pueden encontrar en la mayoría de las óperas. Se detuvo un momento para mostrarnos el por qué el trabajo del director de orquesta es tan esencial para desembocar en un tema que se las trae, como es el ego de los intérpretes. El concierto se alternaba con vídeos en los que se mostraban recortes de los ensayos, momentos de terapia colectiva y alguna que otra sorpresa que resultó ser un regalo inesperado al repertorio que figuraba en el folleto de mano. Pianos, pianísimos, fortes, fiato, coordinación, metrónomo y romanticismo El segundo espectáculo de Simfonova contaba en esta ocasión con tres fantásticos intérpretes. Por orden de rigurosa aparición: el tenor Carles Cosías, la soprano Sara Blanch y el barítono Carles Pachón. Alguien quiere saber qué diferencia hay entre una nota acabada en “forte” o finalizada en un “pianísimo”… bien, pues ayer quedó bien claro cuando Marcel Gorgori y el director al servicio de los cantantes DANIEL ANTOLÍ, exigieron  en los ensayos semejante tarea –tal como vimos en la proyección del vídeo- al tenor CARLES COSÍAS que abrió el concierto con la preciosa y difícil aria de la “Carmen” de Bizet, “La fleur que tu m´avvais jetée”. Cosías es un gran intérprete. Muy musical. Con un fraseo elegante que domina a la perfección y que sabe jugar muy bien con las palabras llegando a cotas de expresión insospechadas, pero no con esta aria. No con la Carmen en la que está completamente alejado de su estilo y sello personales. La voz sonó bonita porque es bonita, y a pesar de que es una sentida declaración de amor, a esa “flor” le faltó un poco de agua. No estaba suficientemente regada. Un francés que hay que mejorar, un amago de afrancesar el son de la erre “a lo Alagna” que no le hace ningún favor –al contrario, le suena artificial- y un discurso para mí poco matizado en el que, un intérprete como Carles, puede dar mucho más de sí. El material está y es bueno, y estoy segura que a medida que la madure sabrá encontrar el sentimiento adecuado para hacer su aria más creíble. Debo destacar no obstante el escalofriante matiz que nos brindó en su “o ma Carmen” final. Aquí salió el Carles que me gusta. El Carles que imprime su sello propio, su sentimiento y su dominio brutal de la palabra. Tres palabras en un aria de tres minutos y poco, pero, fue su mejor aportación en un estilo que no le es para nada afín. Imprimiendo carácter en la voz y acorde con las exigencias de una dificilísima partitura como lo es el aria de la Reina de la Noche de “La flauta mágica” de Mozart, la soprano SARA BLANCH se presentaba con mucha fuerza ante el público que ayer tarde llenaba el teatre Kursaal de Manresa. Sorteadas las agilidades, las notas picadas, las coloraturas de una manera fácil fruto del trabajo en la trastienda, un esfuerzo que no vimos, pero que sabemos que allí está. Sufrió en los ensayos el barítono CARLES PACHÓN a quién tocó atacar una aria de alta dificultad como el “Io morrò, ma lieto in core” del “Don Carlo” verdiano. Una pieza que exige un más que considerable fiato. Encadenar cuatro frases sin respirar con un “tempo” lento es todo un “tour de force”, pero el joven Carles lo hizo. Y lo hizo bien. La voz es bonita y se desenvuelve con seguridad en el escenario pesar de que hace muy poco tiempo que canta. Hasta ese momento habíamos sido testimonio de las dificultades a nivel individual, pero, tal como explicó el propio Marcel Gorgori, la cosa se complica cuando los intérpretes deben afrontar escenas en conjunto, como dúos, tercetos, concertantes… Llegó pues el turno del primer dueto de la tarde-noche en las voces de SARA BLANCH  y CARLES COSÍAS. La pieza en cuestión, el “Verrano a te sull´aure” de la donizettiana “Lucia di Lamermoor”. Evidentemente no cantaron el dúo entero. Una lástima, francamente, porque nos privaron de disfrutar del fraseo de Cosías en el recitado con su “Lucia perdona” y en el siguiente “Sulla tomba…” que, en su voz, estoy segura tiene que sonar extraordinariamente bien. Quizás algún día lo podamos comprobar. Pasar de un Bizet, más verista, a un Donizetti más romántico y flotante en el paso de unos 10 o 15 minutos no debe ser nada fácil para la colocación adecuada de la voz. Al menos esta es la sensación que me dio, aunque la pseudo comodidad en esta pieza nada tenía que ver con la incomodidad de la primera. Y a pesar de ello, la voz continuaba sonando bonita, y el fraseo era mucho más adecuado con una apabullante concentración en el momento. Sara Blanch, cuya voz adolece gratamente de un tono un tanto oscuro, fue una discreta Lucia. Del coro “a bocca chiusa” de la “Madame Butterfly” de Puccini se dio paso a otro momento audiovisual cuyo protagonismo se lo llevó CARLES PACHÓN y el ritmo marcado por el metrónomo, mientras veíamos trabajar al intérprete una de las arias más difíciles para el barítono, la conocida – a la vez que traidora- “Largo al factotum” de “Il barbiere di Siviglia”. Primero, diciendo la letra poco a poco para ir aumentando, según sugerencia de Marcel Gorgori, más y más hasta que irrumpe de verdad en el concierto la orquesta y Carles Pachón hace su entrada triunfal, en una aria ejecutada con nivel, aunque pasando algún que otro apurillo en alguna nota alta que se quedó un tanto corta. Y después llegó, con una ópera bufa como “L´Elisir d´amore” de Donizetti uno de los grandes momentos de la tarde y que nos tenía reservados el tenor CARLES COSÍAS. Allí estaba el Carles que había estado un tanto adormecido en sus dos intervenciones anteriores. Su Nemorino, extraordinario donde los haya, arrancó un estruendo de aplausos. Su bonita voz, sus marcados acentos en cada una de las palabras y el sentimiento puesto en cada frase y en cada nota, le hicieron valedor de su gran triunfo. Los sentimientos a flor de piel, del mismo intérprete, pero también del público. Allí estaba como pez en el agua, y la voz, en esa tesitura, en belleza, no tiene rival. Y repitió también, en estilo y sentimiento en el concertante que cierra el primer acto de esta misma ópera y que reza así “Adina, credimi” – particularmente uno de los momentos para mí más bonitos de esta extraordinaria ópera, que dicho sea de paso, adoro. Al lado de COSÍAS, BLANCH y PACHÓN, en sus respectivos roles de Adina y Belcore amenizaron el final de la primera parte. De las tareas del director, del concertino, del arduo trabajo de actuar y… de los egos Si uno mira detenidamente el programa, se dará cuenta de que está bien escogido, pero no es determinantemente largo. O, a simple vista no lo parece producto quizás del efecto de tener a unos muy buenos intérpretes encima del escenario. MARCEL GORGORI relaja mucho el ambiente con sus instructivas aportaciones. No sé cuál pueda ser la relación entre la “rebotiga” y lo que voy a explicar a continuación. Hay un poco de mezcla quizás en el concepto de “rebotiga” y de que la ópera, cuando está bien interpretada, no puede ser solamente para unos cuantos, pero, en todo caso, haya o no un “leitmotive” entre ellos, agradezco el bache porque nos permitió gozar de una pieza más, de sorpresa, y de añadido a un extraordinario programa. Aunque el vídeo ya lo había escuchado hace un mes, pero no por ello dejó de sorprenderme y emocionarme de nuevo. ¿Que la ópera gusta incluso a aquel que nunca ha pisado un teatro? Es posible. Para comprobar tal cosa, los intérpretes accedieron a un experimento propuesto por el propio MARCEL GORGORI. Sacaron la ópera a la calle, y en una tarde de un día cualquiera, en pleno centro comercial, empezaron a sonar las sensacionales notas de uno de los concertantes más maravillosos que salieron de la pluma de Bellini, su “A te o cara” de “I puritani”. Cuando, en medio de un barullo monumental se escucha una voz tan bonita como la de CARLES COSÍAS entonando el flotante “A te o cara”, incluso a aquel que la ópera o la música no le es algo afín, tiene la inmensa necesidad de pararse y escuchar. No puede ser de otra manera, porque voces así no se escuchan cada día y menos en un centro comercial. El vídeo retrata como los transeúntes cargados con bolsas se detienen ante semejante belleza, y con las bocas abiertas quedan estupefactos ante un re sobreagudo que Cosías ataca sin temblar. Las voces de SARA BLANCH  y de ELISA VÉLEZ, junto a la de CARLES PACHÓN acompañados al piano por el maestro DANIEL ANTOLÍ, acaban de hacer posible el milagro: la ópera no es solo para unos pocos, sino para todos aquellos que con una nota se emocionan. Que no es necesario saber de ópera para que te guste, porque la música, simplemente llega y emociona. Inclusive al más insensible de los mortales. Este es el verdadero poder de la ópera y la voz le sirve de un ideal vehículo. Gracias por este “cameo” no previsto, que nos permitió gozar de una pieza extra. Para denotar la dificultad del trabajo del director de orquesta y el concertino, MARCEL GORGORI nos propuso otro vídeo, en el que quedó demostrado que una orquesta no es buena por la calidad de sus intérpretes – que también- pero la misma, sin un buen director que las conduzca no funcionaría. Nos destacaron también el trabajo del concertino, una figura conocida por su etiqueta pero de la que a veces se ignora cuál es el verdadero significado que se esconde tras la misma. Y de dificultades el mundo de la ópera está llena. Cantar, expresar, llevar al público a cuotas máximas de emoción y placer es muy difícil. Algunos lo logran en exceso, otros lo intentan, y muchos no son capaces de lograrlo. La parte vocal, como es consabido es en todas ellas de unas dificultades endemoniadas, pero, cuando la partitura está rellena de coloraturas, de notas estratosféricamente altas y que exigen de una concentración y afinación bárbaras… si además de todo esto se exige que el cantante además, actúe, se hace doblemente dificultoso. Pero es que si además, a MARCEL GORGORIse le ocurre meter a SARA BLANCHdentro de un baúl para ambientar el tema de la credibilidad, y de ahí ayude a salir a la soprano transformada en la muñeca Olympia, la cosa adquiere otra dimensión. Sara Blanch interpretó y muy bien a la autómata más famosa del mundo de la ópera, una partitura muy difícil, muy aguda y llena de exigencias que obliga a tener y hacer gala de una más que considerable técnica vocal. Y cumplió con creces su cometido. Llegamos en este punto al capítulo de los egos, uno de los más morbosos del mundo de la ópera. Que el divo tal cancela… que la diva cual quiere una marca de agua especial y bajo contrato… que… y no continúo porque todos, en algún momento puntual hemos leído sobre ello. ¿Que los intérpretes tienen ego…? Unos más que otros, supongo. Es algo connatural en los artistas. Esta conversación dio paso al divertido terceto de “La fille du regiment”, el simpaticón “Tous le trois reunis”. De nuevo en francés. De nuevo Donizetti. Y de nuevo las tres voces en el escenario: COSÍAS,  con un mejor francés, más distendido y divertido pero sin dejar de lado la concentración. BLANCH pizpireta y sensacional en la parte escénica y PACHÓN solvente, cerrando un maravilloso momento musical de la tarde. Un auténtico número de “revista” bien coordinado e interpretado. Vino después un momento de reflexión de los cantantes. Psicoterapia colectiva que tuvo como maestro de ceremonias, y nunca mejor dicho, al tenor JAUME ARAGALL. Allí, con todos los protagonistas del concierto sentados, en mangas de camisas e informales, sin saber que las cámaras estaban grabando, dejaron salir momentos divertidos, como las imitaciones de Julio Iglesias y de Joan Manuel Serrat que nos brindó Carles Cosías – realmente un momentazo divertidíssimo- al son de “Che gelida manina” y de “Pirineu tes blanques comes” respectivamente; las dificultades narradas por Elisa Vélez después de ser madre; situaciones más incómodas vividas por el propio Aragall, y relatos de ilusiones frustradas por enfermedades sobrevenidas que truncaron una carrera que estaba despegando y volando a velocidad de cohete hasta los más importantes teatros. Carles Cosías, el protagonista de este relato verdadero lo comentaba con resignación y cabeza fría. Afortunadamente pues, después de varios intentos, la solución llegó a su problema de un día para otro y gracias a ello, hoy podemos continuar gozando de esta – nunca me cansaré de decirlo- bella y extraordinaria voz. Siguió a este momento de recogimiento otro de sus grandes interpretaciones de la noche “È la solita storia” de “L´arlesiana” de Cilea, que CARLES COSÍAS, señores, borda. Cómodo, marcando palabras, sacando todo el sentimiento que hay tras ellas… Su “mi fai tanto male” es sencillamente arrebatador, y todo ello envuelto en la belleza tímbrica de su voz, le hicieron valedor del segundo estallido de aplausos de la noche. Y de “La Arlesiana” al maravilloso dueto de “Los pescadores de perlas”, “Au fond de temple saint”. De nuevo en francés y de nuevo Bizet. En el primero, COSÍAS, no se había sentido tan cómodo; en este segundo, la comodidad era ya más evidente. Junto a él, el joven CARLES PACHÓN hicieron las delicias del público, mientras que una bellísima SARA BLANCH irrumpía, desde la platea hasta el escenario, simbolizando al personaje de Leila, la protagonista de esta ópera que Bizet, ambienta en Ceilán. El concierto oficial, terminaba aquí, pero después de una ronda de aplausos, repitieron el divertido y simpático y pegadizo terceto de “Tous le trois réunis” de “La fille de regiment” de Donizetti con las mismas características que en la interpretación dentro de programa oficial. Las emociones de la ópera Una tarde divertida y de muchas emociones. Algunas de contradictorias. Otras de previsibles. Otras, reveladoras. Tarde de ilusiones, tarde de nostalgias. Una tarde de luz en medio de una oscuridad latente a la que solo eché en falta decirle a Marcel Gorgori, tal como si hacía en mi querido “Nit d´arts” : “Marcel, treu una pissarra…”.

Ópera Perú

18 de noviembre

Miss Saigon - 25 Aniversario, en Cinemark

© Picture House Entertainment"...tiene la calidad de una gran película y ciertamente es la mejor película de un espectáculo teatral jamás visto". Baz Bamigboye, Daily Mail(Difusión: Universal) Este 21 de noviembre a las 9:00 pm, MISS SAIGÓN: 25.° ANIVERSARIO llega en una espectacular y nueva producción del legendario musical a los cines Cinemark Jockey Plaza de Lima. Esta nueva representación de Miss Saigón, de Boublil y Schönberg, fue uno de los eventos musicales más esperados del West End de Londres en los últimos años. Récord fantástico de taquilla y ganador de numerosos premios, fue descrito por The Daily Telegraph como "el musical más emocionante, elevado y excitante que se renueva para nuestros tiempos".MISS SAIGÓN se filmó frente a un público en vivo en la presentación del 25.° aniversario y brinda a los amantes del cine de todo el mundo la posibilidad de disfrutar de este espectacular evento musical.Sir Cameron Mackintosh, productor del musical y de la película, comenta: "Los resultados fueron tan asombrosamente cinematográficos que se decidió que, para crear una experiencia cinemática/teatral única, filmaríamos tomas adicionales en enero de 2016. Como se trató de una representación filmada en vivo, la orquesta y las voces se tomaron directamente del sistema de sonido del espectáculo, de una toma y sin sonido agregado. Se decidió no eliminar digitalmente los micrófonos del escenario para recordar a los espectadores que se trataba de una obra de teatro y no de una película. Resulta notable que las emotivas actuaciones de este maravilloso elenco en primeros planos parecen totalmente naturales, como si se hubieran filmado para el cine en lugar de ser una actuación en un teatro de 1.700 butacas. La claridad del sonido y el barrido de la música hacen que esta apasionada historia resulte intensamente más emocionante y electrizante en la pantalla".Con música de Claude-Michel Schönberg y Alain Boublil (Los Miserables) y letras de Boublil y Richard Maltby Jr, MISS SAIGÓN de Sir Cameron Mackintosh está inspirada en líneas generales en "Madame Butterfly" de Puccini.  Ambientada en 1975 en Saigón, al final de la Guerra de Vietnam, cuenta la dramática historia de Kim, una joven mesera huérfana debido a la guerra que se enamora de un soldado estadounidense y termina destruida por la caída de Saigón.El talentoso elenco incluye a Jon Jon Briones como el Ingeniero, Eva Noblezada como Kim, Alistair Brammer como Chris, Hugh Maynard como John, Tamsin Carroll como Ellen y Rachelle Ann Go como Gigi.Quienes vayan al cine también disfrutarán de un final especial, donde verán al elenco del 25.° aniversario en el escenario junto a Jonathan Pryce, Lea Salonga y Simon Bowman, miembros del elenco original.Para obtener más información sobre el estreno internacional de MISS SAIGÓN: 25.° ANIVERSARIO y detalles de su proyección, visite www.misssaigon25th.com. Pueden adquirir las entradas en la boletería de Cinemark Jockey Plaza o en pre-venta a través de su página web y aplicación móvil.




Cantan ellas - El Blog de Maac

2 de noviembre

"El Gato Montés" en el Palau de les Arts - 2016/X

Siempre que se programa en Les Arts una ópera española o zarzuela tiene que haber polémica en los foros y redes sociales, polémica que todavía se acrecienta más si la obra en cuestión tiene algo que ver con Valencia, ya ocurrió con "Maror" y ha vuelto a ocurrir con "El Gato Montés", una ópera del valenciano Manuel Penella . En esta ocasión no estoy de acuerdo con las voces que han protestado por su programación, hay suficientes razones para hacerlo: al contrario que con "Maror", en esta ocasión no se ha tirado el dinero con una producción propia de corto recorrido, se ha recurrido a la del Teatro de la Zarzuela; es además "El Gato" una ópera que se estrenó en Valencia en 1917 (en pocos meses hará 100 años);  tuvo mucha repercusión en su época, no solo en Valencia, también en Barcelona (donde fue criticadísima por la prensa), en Madrid y en diversos países americanos, llegando a representarse con éxito en Broadway en una versión con final feliz y en inglés y dio lugar al nacimiento de dos películas, una muda, "Tiger Love" (1924) de Georg Melford y otra sonora, "El Gato Montés" (1935) de Rosario Pi; también "El Gato Montés" ha motivado algún estudio fuera de nuestras fronteras sobre la posibilidad de una ópera española y ha sido grabada por la Deutsche Grammophon (por las razones que fueran, seguramente por presión de algún Divo de la ópera). No me parece mal que se recuperen estas obras que forman parte de nuestro patrimonio cultural, aunque sea más por un interés arqueológico que dramático-musical. Hubiera sido interesante que, en esta ocasión, como ya ocurrió con la reposición de "El rey que rabió", se hubieran desplazado los cuerpos del Palau de les Arts al Teatro Principal, aprovechando que fue allí el lugar de su estreno en 1917, y esto lo digo por una cuestión emotiva más que por otra cosa, vamos... que no tiene mucha importancia. La verdad es que asistí al estreno de "El Gato Montés" de Les Arts totalmente in albis, no pude aguantar el visionado y escucha de algunos de los vídeos que circulan por YouTube, lo único que conocía era el dúo del segundo acto entre soprano y tenor (Soleá y Rafael) y el pasodoble más taurino entre los pasodobles taurinos. Al salir en el intermedio me sorprendieron los comentarios de amigos y conocidos en el sentido de que la obra les había aburrido como pocas, no era mi caso, yo confieso que he llegado a aburrirme muchísimo más en óperas más célebres hasta el punto de llegar a dar alguna cabezadita que otra, aunque debo decir que la mayoría de las veces fue por culpa de los intérpretes o por hipnóticas puestas en escena cual drogas psicotrópicas que enturbia y adormecen la mente. Hay que reconocer que el libreto no es ninguna maravilla y que el drama no transcurre con fluidez, que está descompensado y que la inspiración musical es irregular, abusando de algunos motivos temáticos que se repiten una y otra vez. Sin embargo hay algunos momentos muy disfrutables, como ocurre en las intervenciones del coro, momento en que la orquesta suena más colorista, en la escena de la cogida (pasodoble) al final del segundo acto y en el intermedio orquestal del tercer acto;  pero no hay ningún aria digna de figurar en antología alguna, tampoco ningún dúo que embelese. La ópera va de menos a más pero tropieza en lo dramático con la muerte de dos de los tres protagonistas principales al final del segundo acto y el tercer acto pierde parte de sentido. Le sobra como una hora de música y son dos las que dura. Se ha hablado mucho de "El Gato Montés" como de una ópera verista, yo le encuentro en lo musical muchos puntos en común con "Manon Lescaut" de Puccini, sobre todo en los momentos más dramáticos, magníficamente ejecutados por las cuerdas de la Orquesta de la Comunidad Valenciana. Lo que me gustó y mucho es la puesta en escena procedente del Teatro de la Zarzuela, y eso que a priori tenía todo lo necesario para ser anodina: ausencia de decorados y abuso de la oscuridad. Pero ahí estaba el talento de los responsables de la iluminación, el sencillo vestuario en tonos pastel y, sobre todo, la dirección escénica de José Carlos Plaza, que supo mover al coro y cantantes con el acierto suficiente como para no caer en la monotonía (como ocurrió en aquella "Carmen" de Saura de infausto recuerdo) y que resolvió con brillantez el momento más complicado de toda la ópera, la escena taurina de la cogida de Rafael. Muy buena idea la de intentar acercar la ópera a la tragedia y alejarse de la españolada más folclórica sin dejarla totalmente de lado, es lo que le faltaba a esta ópera para terminar de rematarla, abusar de la pandereta. En lo vocal la ópera, para ser de pretemporada -y aunque hubiera sido de temporada-, estuvo muy bien servida. Andeka Gorrotxategi se mostró muy entregado como Rafael, su timbre no me resulto atractivo pero brillaba especialmente al ascender al agudo y solventó todos los problemas que plantea la partitura en casi todas las ocasiones. Más fría se mostró Maribel Ortega pero su voz me pareció redonda en la zona media y aguda, sin grandes aristas, aunque con falta de homogeneidad en los graves, lo mejor es que fue una Soleá muy musical. Y Ángel Ódena, quien compuso un personaje totalmente creíble, con una voz potente y muy bien proyectada pero que no sonó fresca. Para quitarse el sombrero la completísima Gitana de Cristina Faus y la convincente Frasquita de Marina Rodríguez-Cusì. Correcto el Padre Antón de Miguel Ángel Zapater. Excelente, como siempre, el Coro de la Generalitat Valenciana y la Escolanía de la Mare de Déu (lástima que un mal ejecutado zapateado deslució la escena de los niños con la Gitana), mientras que la Orquesta sonó de forma espectacular gracias a la ágil y sensible batuta de Óliver Díaz. El resultado final fue que pasé una tarde de domingo muy agradable, que no va a ser "El Gato Montés" la ópera que cambie mi visión de la música española, que para ser de 1917 suena un poco avejentada (ese mismo año se estrenaron obras como "Turandot" y "Arlecchino" de Busoni, "Kullervo" de Sibelius, "Una tragedica florentina" de Zemlinsy o "Palestrina" de Pfitzner, pero también "La rondine" de Puccini), seguramente Penella no pretendió más que entretener.

Pablo, la música en Siana

27 de octubre

Bryn Terfel repasando y reposando ópera

Miércoles 26 de octubre, 20:00 horas. Oviedo, Inauguración de la temporada "Conciertos del Auditorio": Bryn Terfel (bajo-barítono), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de Cimarosa, Händel, Mozart, Mascagni, Gounod, Boito, Puccini, Verdi y Wagner. El galés Bryan Terfel, de quien el periodista de "Ópera Actual" y crítico del "ABC" entre otros medios, Pablo Meléndez-Haddad escribe una bella semblanza en las notas al programa, hacía su presentación en Oviedo con un recital donde repasaría sus papeles y arias preferidas desde el poco habitual barroco hasta "su" Wagner (que ocupó la segunda parte), sin olvidar el Mozart con el que triunfó y todavía sigue en el recuerdo, y por supuesto esos papeles que le van como anillo al dedo: Mefistófeles, Fausto y especialmente Falstaff, con la orquesta ovetense acostrumbrada a estos repertorios junto a su titular, quienes se lucieron en las partes instrumentales, variadas, unificadoras del programa y siempre necesarias en estos recitales de cantantes en solitario que necesitan descansar, sin olvidarnos que resultan mucho más duros que toda una ópera por el cambio de rol y la suma de arias a cuales más exigentes. Buen inicio orquestal con Cimarosa y la Obertura de II Matrimonio Segreto, nunca mejor lo de templar cuerdas que se lucieron, antes de dejar la formación camerística sumándose el clave de Sergi Bezrodny para afrontar la primera salida de Terfel con un poco transitado Händel de su ópera Berenice, regina d’Egitto, con el aria de Demetrio “Si tra i ceppi”, originalmente para castrato contralto que en la voz del barítono alcanza otros colores y con unas agilidades algo más lentas de las acostumbradas pero con un saber cantar lleno de gusto y veteranía. Punto y seguido con Mozart, una plantilla algo más amplia manteniendo el clave y un aria de concierto de 1791, Io ti lascio, oh cara, addio, K245 (621a), de las pocas escritas originalmente para bajo, porque Terfel es un barítono de graves redondos más que poderosos, agudos llenos de matices con una "media voz" inigualable, y sobre todo un legato y forma de decir el texto increíble, sumándole una escena contagiosa que engancha al público en cada intervención suya. La OFil le daría el primer descanso con Mascagni y ese bellísimo "Intermezzo" de Cavalleria Rusticana que volvió a dejarnos una cuerda aterciopelada y sonoridad compacta, casi íntima antes de sumergirnos en el infierno. Bryn Terfel preparó dos visiones de ese personaje de Goethe, primero Gounod, “Le Veau d’Or est toujours debout” de su Faust, el gusto francés con la garra galesa, metido de lleno en el personaje que ya quisiéramos haber tenido en el Campoamor, y especialmente el de Boito y su “Son lo spirito che nega” de Mefistofele, el drama italiano puesto en escena por un cantante capaz de ofrecer dos caras de una misma moneda en una transformación de carácter de la que solo los grandes artistas son capaces. Segundo descanso vocal y nueva intervención de la formación ovetense en una de las páginas que el foso no permite lucir tanto como en el escenario, el increíble orquestador Puccini con el "Intermezzo" de Manon Lescaut para "recuperar" a Gabriel Ureña en el cello maduro, de fraseo totalmente lírico para no perder sabor operístico junto al arpa siempre insustituible de Danuta Wojnar. La última salida del barítono en esta primera parte nos dejaría una de sus creaciones, Verdi con el aria “Ehi Paggio! L’onore! ladri!” de Falstaff, la barriga hinchada gritando ¡fabada! (después sacaría varias toallas además de la que traía al hombro) y escanciando sidra en vez de vino (o cerveza) pero con una interpretación que sigue siendo referente en todo, cerrar los ojos y ver este testamento verdiano con un personaje shakesperiano donde el Orson Wells de "Campanadas a media noche" venía a mi memoria coloreando el celuloide en grises. La segunda parte dedicada a Wagner con el que Terfel se ha encaramado en ese Valhalla escarpado con cada uno de los personajes de tres óperas a cual más intrincada musical y actoralmente, con dos oberturas verdianas para apenas tomar aire, de La Forza del Destino, con dinámicas y tempi buscando el ambiente alemán de programa, y sobre todo la Obertura de Nabucco, bien resuelta y plenamente italiana porque del buscado duelo entre contemporáneos no puede haber empate, además de que la OFil lo tiene más en atril que al alemán. El talento de Bryn Terfel es indudable y con una voz que se proyecta sin problemas en cualquier idioma, incluso silbando afinado, lo que maravilla es su timbre, cómo juega con él para dramatizar, su paleta de matices que para Wagner es irrefutable, tres momentos estelares, Hans Sachs en “Was duftet doch der Flieder”, de Die Meistersinger von Nürnberg (Los maestros cantores de Nürnberg), “O du mein holder Abendstern” de Tannhäuser, y sobre todo la "Canción de la estrella vespertina" como se conoce la “Música del fuego mágico y Adiós de Wotan” de Die Walküre (La Walquiria), con una orquesta que no bajó volúmenes y la técnica del galés pudo emerger sobre ella, Conti despiadado pero Terfel mandando, muchas tablas para unos roles wagnerianos que son referente en su registro y escena. Una lección operística. Y si el carácter jovial se transmitía en cada página, los regalos tocaron la otra pasión del barítono británico, los musicales con el "Si yo fuera rico" (If I Were a Rich Man) de El violinista en el tejado, l eterno musical con ese personaje soñador con los pies en la tierra que Terfel mejora al Topol cinematográfico, sin prescindir de la parte hablada con poderío emisor para toda la sala, y la canción tradicional galesa "Suo Gan" que todos recordamos por la película de Spielberg El imperio del sol, cantada con ternura y sentimiento casi íntimo bien arropada por la orquesta ovetense que volvió a ser un perfecto ropaje para tantos personajes puestos sobre las tablas por un Bryn Terfel que vuelve a brillar, perfecta inauguración para una temporada donde muchas de las grandes voces líricas del momento desfilarán por el Auditorio. Todo un lujo para nuestra Asturias, patria querida, siempre musical.



Una butaca en el paraíso

24 de octubre

Mira, o Norma

Norma de Bellini en el Teatro Real de Madrid. Primera función del segundo reparto, o sea, el re-estreno.Allá que vamos todos con ganas de disfrutar el viernes por la noche, con el teatro hasta arriba de gente expectante, porque el título es emblemático.Como yo cambié mi función del Otello es también mi rentrée, o sea que saludos, abrazos y besos por doquier. Empieza la ópera y... oh, esa obertura, pero qué bríos, ¿no? ¡¡¡Que esto es belcanto puro y duro, oiga!!! Sale el coro y lo mismo, mucho griterío. Llega Pollione y... ¡eh! ¡He dicho Pollione, no Turiddu! Tuvo que aparecer Norma para calmar los ánimos, poner las cosas en su sitio y asentar la representación. Porque el primer acto fue muy tenso, muy nervioso, muy poco belcantista. Menos mal que salió Angela Meade a poner orden. ¿Reservona, según decían los más críticos? Contenida, diría yo. Y nos ofreció un trío final de acto de agárrate a la barra que te caes. Muy buena. Porque el segundo acto ya fue otro cantar. Exactamente eso, cantar. La orquesta se suavizó y se metió en situación. A Roberto Aronica se le pasaron los nervios y encajó en el estilo. Y la señora Meade se soltó las rastas de la melena y nos ofreció una Norma rotundísima. Potente, valiente arriba y, lo mejor, con cuerpo abajo. Es verdad que el timbre no es de los más bonitos y que le faltó expresividad, pero estuvo soberbia. También esos ciento y pico kilos de soprano subiendo y bajando escaleras no es para esperar muchas florituras expresivas. ¿Resultado? Pues una ópera irregular al principio, que fue a más y acabó estupenda. ¿El problema? Que es un papel tan exigente que todas las referencias discográficas son de sopranos no-va-más, y claro cualquier representación en directo palidece ante una Sutherland, Sills, Caballé o Callas. Pero señores, al teatro hay que ir a ver, no a comparar. No me hagan como el señor de atrás quien, aparte de pasarse la función entera tosiendo y carraspeando, cuando terminó el Casta Diva soltó un "Prefiero la Callas" en el clásico volumen de voz suficiente como para que todos los que estemos a su alrededor nos diéramos cuenta de lo imbécilmente entedido que era. Vamos, que si se pulen un poco con el rodaje de las funciones, este segundo reparto de la Norma del Real puede dar muchas satisfacciones. Meade como Norma, buenísima. Aronica un Pollione muy descontrolado al principio que se fue asentando. Veronica Simeoni fue una buena Adalgisa, pero la voz se le iba atrás cuando subía, un poco irregular. Orfila correcto Oroveso, eché en falta más poderío. Buena Maria Miró como Clotilde y estupendo Antonio Lozano en el breve papel de Flavio, qué voz más bonita y sonora. En conjunto, muy buenos solistas. ¿Que se les pueden sacar fallos? Pues sí, pero sacan adelante la obra con solvencia. Roberto Abbado tiene que decidirse si quiere hacer un Puccini, un Verdi o un Bellini. Se va aclarando en el segundo acto, dejando un poco el chimpón a un lado. Y el coro lo mismo. Ahora toca el palo a la regie.Ay, señor, señor. Empieza bien: unas columnas hacen de bosque, ayudadas por proyecciones de árboles sobre el telón gasa. Trajes de época (aprox.) y luego una estructura gigantesca central que es un árbol (o el coxis fosilizado de un brontosaurio) y que sirve tanto de altar como de casa de Norma o pira funeraria, porque se hace omnipresente. Vale, lo aceptamos. Pero se queda un poco soso en el centro del escenario tan grande del Real. Y el colmo viene con unas proyecciones ultracursis de títulos de crédito de telenovela barata con imágenes de los cantantes: Pollione besándose con Adalgisa, Pollione luchando, Norma sufirendo, los niños durmiendo, una especie de escudo... una horterada en toda regla. Y con todo, los movimientos de los cantantes siguen la escuela clásica y rancia del "salgo, me paro, canto, me voy". Afortunadamente con esta ópera (y con tantísimas) es fácil obviar la puesta en escena. Ya se sabe que yo soy de fácil contentar pero, sinceramente, creo que merece la pena acercarse a esta Norma y, por lo que me han dicho (y van dos) mejor el segundo reparto que el primero con Agresta y Kunde.  Vincenzo BelliniNormaAngela Meade, Roberto Aronica, Veronica Simeoni, Simón Orfila, Maria Miró, Antonio Lozano.Roberto Abbado, Davide Livermore.Teatro Real. Madrid, viernes 21 de octubre de 2016. Página web del Teatro RealPrograma de ManoCríticas del estreno en prensaSeñores que saben mucho

Cuestión de Sensibilidad

2 de octubre

Música y persona

Cuando conoces a una persona, inconscientemente tiendes a analizarla, a rastrear en la totalidad de su ser peculiaridades que de manera automática se contrastan con nuestras afinidades. Expresividades gestuales corporales como la forma de caminar, el movimiento de las manos al hablar, el propio timbre de voz, son superadas en valor analítico por los datos faciales, en especial la manera e intensidad de la mirada hacia uno mismo y hacia los demás. Ahí es donde podemos valorar la profundidad de su estado anímico con respecto al nuestro. Entonces, en ese preciso momento, tomas una decisión afectiva, sabes a ciencia cierta si hay complicidad; incluso puedes atreverte a un juicio moral sobre él o ella. Si la impresión es positiva, poco a poco se va descolgando de la boca ese proyecto de sonrisa que todos ofrecemos cuando nos encontramos a gusto con alguien. Una flor del alma que se regala. En ese nido nace la amistad, la amistad del adulto, la más electiva de todas. Y en ese instante, y ésto es posible que sea una peculiaridad estrictamente mía, tiendo a asignarle una Música personal, una banda sonora para un ser humano, único e irrepetible. Una fotografía de notas, para siempre. Una futura evocación. Una Música que casi siempre conforma la elección personal del evocador. Bajando a lo concreto, que es donde se sustancia la realidad, quiero decir que hace apenas una semana he conocido a una persona. Una persona buena, por encima de todas sus cualidades, que son muchas. Una persona que enseguida descolgó mi sonrisa. Una persona que volvió a dar sentido a la manida y digitalizada palabra amistad: Alfredo Cot González. Un relator de sentimientos. Una emoción. La Música que le acompaña, su preferida, también la más adecuada a su forma de ser y estar, son esas maravillosas melodías intensamente arrastradas y untuosas de Giacomo Puccini. Por ofrecer un ejemplo bien conocido y adecuado, recordemos el aria “O Mio Babbino Caro” de su ópera Gianni Schicchi, en versión de la inconmensurable Maria Callas: (vídeoΔημήτρης Βογιατζόγλου)

Giacomo Puccini
(1858 – 1924)

Giacomo Puccini (22 de diciembre de 1858 - 29 de noviembre de 1924) fue un compositor italiano de ópera, considerado entre los más grandes, de fines del siglo XIX y principios del XX. Nació en Lucca, localidad toscana. Es uno de los pocos compositores de ópera capaces de usar brillantemente las técnicas operísticas alemana e italiana. Se le considera el sucesor de Giuseppe Verdi. Algunas de sus melodías como "O mio babbino caro" de Gianni Schicchi y "Nessun Dorma" de Turandot forman parte hoy día de la cultura popular. Su primera ópera fue Le Villi (1884) y su primer triunfo Manon Lescaut (1893). Además de doce óperas, Puccini escribió otras obras notables, como una Misa solemne, un Himno a Roma, un capricho sinfónico, dos preludios sinfónicos y tres minués para cuarteto de cuerda.



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