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Música Clásica y ópera de Classissima

Giacomo Puccini

jueves 29 de septiembre de 2016


E così dolce il suon della sua voce...

4 de septiembre

Un casi impecable Kaufmann...

E così dolce il suon della sua voce... Decir Puccini es sinónimo de sentimiento, de emociones, y a la par, de éxito asegurado. Muchos somos los melómanos que adoramos al compositor de Lucca, por su música y por todas las sensaciones que con ella nos hace vivir. Algo parecido sucede hoy en día en los teatros de ópera cuando se pronuncia el nombre de JONAS KAUFMANN. Decir su nombre es algo equivalente a un “sold out”, buenas expectativas y ganas de pasar una estupenda velada. Pero ojo, esto lleva con sí un poco de trampa y duda, porque no debemos olvidar que el divo muniqués hace sufrir a su público hasta el último momento. La sombra de la cancelación siempre envuelve su figura, y hasta que no le ves aparecer encima del escenario no puedes soltar el aire, respirar tranquilamente y decir “sí, esta noche va a ser inolvidable”. Es algo similar a lo que en catalán diríamos “el blat no pots dir que és blat fins que no és al sac i ben lligat, i tot així, encara s´escapa”. Un comprometido programa Puccini + Kaufmann. Esta es la propuesta que nos trae este DVD titulado “Jonas Kaufmann. An evening with Puccini” un concierto realizado en el Teatro alla Scala de Milan el 14 de junio de 2015. Comprometido decía porque el tenor bávaro introduce en concierto arias difíciles de escuchar en las salas de los coliseos más grandes por los cuales se pasea, merecidamente, con un desafiante descaro– en el mejor sentido de la palabra. Así pues a Jonas Kaufmann no le tiembla el pulso ni la voz a la hora de medirse cara a cara con el público milanés, y su desfile empieza con una tremenda aria, preciosa donde las haya e injustamente desechada en el fondo de un cajón “Ecco la casa, dio che orrenda notte” de “Le Villi”. Es aquí donde ya empieza a mostrarnos una vez más lo asentado que está su registro agudo. Las notas altas salen y brillan con luz propia dejando atrás ese color broncíneo oscuro de su voz. Su discurso fluye quizás con un tempo para mí demasiado lento, pero ello nos permite poder gozar del fraseo impecable e inteligente de este artista que tiene el don – gracias a Dios- de entender que la música y las palabras tienen que ir unidas. Kaufmann sabe darles el sentido que necesitan y merecen para que lleguen al público y produzca en ellos el efecto mágico que todo cantante, creo, desea: que al oyente se le ponga el vello de punta. Y Jonas Kaufmann lo consigue en más de una ocasión a lo largo de este concierto. Siempre he dicho, hasta ahora, que Kaufmann y Puccini eran un poco como el aceite y el agua. Siempre he sentido un poco de reticencia por los puccinis kaufmanianos porque en nada de lo que le había escuchado le había encontrado de lleno en el estilo que la música del gran Giacomo Puccini requiere: dulzura, cuando se necesita; vísceras cuando vas a morir desesperado; cariño y admiración ante el primer estallido sexual de un estudiante de 20 años; o el empuje y arrogancia de un hombre que se  ve ya vencedor de una prueba que le dará como medalla a una princesa a la que debe fundir con su sangre hirviente de fervor. No. Jamás había escuchado a Kaufmann hacer esto hasta este concierto en Milán. Es aquí donde encuentro en su actuación todo esto: brillo, estilo, pulcro fraseo, sus medias voces – que no obstante ya conocemos- pero que aquí llenan de sentido su interpretación. Y sobre todo, algo que también ya sabemos, el dominio del texto aunque aquí esto quede mucho más remarcado. Un claro ejemplo de todo ello, su “E lucevan le stelle”de la “Tosca”. Bravo. Bravo Kaufmann. Impecable Así podría definir sus dos grandes arias de “Manon Lescaut”, en primer lugar su “Donna non vidi mai” para después cambiar de rango y pasar de la dulzura del enamoramiento al ruego más desesperado del hombre que ama con su “Guardate, pazzo son”. Agudos asentadísimos, no hace falta que repita elogios porque van todos en la misma línea, minuciosos detalles en su fraseo e uso inteligente de nuevo de las medias voces. Y algo parejo sucede también con otra que resulta ser también impecable, su “Or son sei mesi” de “La fanciulla del west”. De nuevo aquí Kaufmann pone sobre las tablas todos sus medios y recursos de los que dispone para que su canto llegue al corazón igual que el dardo que da en el centro de la diana. Kaufmann es así. Sorprendente pero previsible. Sabes que lo hará, pero lo mágico está en que nunca sabes cómo lo hará. Y ahí es donde sale el gran artista que Kaufmann es. Puede gustar más o menos su voz, su forma de cantar, su estilo o sus maneras pero Kaufmann es sin duda uno de los dos grandes tenores del momento, con el permiso aún del Decano de todos ellos. El concierto, dirigido por JOCHEN RIEDER que debutaba en la Scala de Milán al frente de su orquesta titular, termina con uno de los grandes hitsdel mundo operístico, y no es ni más ni menos que un muy raído, pero siempre bello y agradecido, “Nessun dorma” que Kaufmann sortea sin dificultad, con estilo indiscutible y con los agudos que le corresponden, a pesar de que esta pieza, esta gran aria para siempre jamás irá asociada a la voz del muy añorado Luciano Pavarotti. No tenemos ahora al divo de Módena, pero Kaufmann es un digno candidato para hacer que este “Nessun dorma” continue siendo inmortal. El concierto finaliza precisamente, como decía, al son de “Vincerò” pero, y es algo ya connatural en todos los conciertos que después del oficial que figura en programa, vengan los bises, y en eso Kaufmann es uno de los más generosos. Cinco ni más ni menos ofreció el alemán, empezando como no, por “Recondita armonía” de la “Tosca” y allí de nuevo Kaufmann vuelve a emocionar con voz y sobre todo por haber mejorado – para mí- el estilo y la forma de afrontar esta delicada aria que se canta, no lo olvidemos, dentro de una iglesia. Su discurso un tanto lento – quizás como decía al principio del escrito- es lo que puedo reprocharle al muniqués, pero, la lentitud tiene – como decía también- su parte positiva permitiéndole envolver y dotar de sentido latente a las palabras pronunciadas. Su “Sei tu” final dirigido a Tosca disminuyendo volumen dota a la pieza de una originalidad curiosa. Sí, Kaufmann es un gran cantante señoras y señores. Su “Ch´ella mi creda”, segundo de los bises, no es tan emocionante como su hermana mayor antes ya comentada “Or son sei mesi” y cierra el capítulo de la sutilidad con su ya famosa “Ombra di nube” etiqueta que distingue a Jonas Kaufmann. Es de aquellas piezas que en sus conciertos o recitales jamás, jamás fallan. Y el ambiente, ya más relajado, nos lleva a la preciosa “Non ti scordar di me” donde el tempo lento vuelve a jugar, tal como es consabido, a favor del tenor alemán. Él lo sabe y lo explota al máximo. Y cuando uno se despajarita… Pues cuando uno se despajarita, está en los bises, es agasajado con ramos de flores espontáneos de las féminas que llenaban la Scala, cuando uno percibe cajas de regalos en pleno escenario, vítores y bravos sin parar, entiendo que suba la temperatura, del teatro y del propio tenor. Así es que, Kaufmann ni corto ni perezoso, con la ayuda del maestro Rieder, en un acto – para mí- de poco respeto al público que llenaba la Scala, se desabrocha un botón de la camisa y se saca la pajarita negra del esmoquin. Y, como decía, cuando uno se despajarita, sucede lo que sucede, se desconcentra, se lía con la letra aunque sin perder el compás, y coloca la segunda estrofa del “Nessun dorma” en la primera, en un gesto espontáneo del propio tenor que payasea ante su propia patinada. Él se lo toma riendo, salva la pieza e impresiona con su agudo final. La fiesta termina y todo son risas y alegrías. Me alegro por él aunque a mí me quede un regusto agridulce ante semejante escena. Aunque todos somos humanos y todos nos equivocamos, cosas así – aunque restará como una mera anécdota simpaticona- no hacen ningún favor ni bien a un artista de la talla y categoría de Jonas Kaufmann. Una lástima. Impecable, Kaufmann… casiimpecable.  

Ópera Perú

22 de agosto

Turandot en el Gran Teatro Nacional

Othaliegraham.comLa obra póstuma de Giacomo Puccini, y una de sus mas logradas, vuelve a los escenarios limeños como parte de la temporada internacional de la Asociación Cultural Romanza este miércoles 31 y viernes 2 a las 8:00 pm y el domingo 4 a las 6:00 de la tarde,  en el Gran Teatro Nacional."Turandot" es una ópera en tres actos con música de Giacomo Puccini, que quedó inconclusa por su muerte en 1924, por lo que fue completada por Franco Alfano y estrenada el 25 de abril de 1926 en La Scala de Milán, Italia. En esta historia milenaria, un valeroso príncipe pone su vida en juego por el amor de una fría princesa china: si descifra tres acertijos podrá casarse con ella pero, si no lo logra, será decapitado. El problema es que ella ha jurado nunca entregarle su corazón a ningún hombre. Una de las partes más difíciles se encuentra en el segundo acto y se inicia con la frase “In questa reggia”, cuando la princesa china de la historia explica la razón de su comportamiento. En el tercer acto se encuentra una de las arias más conocidas para tenor: “Nessun dorma”, que representa la victoria del amor sobre el odio.Participarán destacados artistas como la soprano canadiense Othalie Graham en el rol protagónico, el tenor peruano Andrés Veramendi como Calaf, la soprano española Svetla Krasteva como Liú, el bajo Ariel Cazés como Timur, entre otros. El director italiano radicado en nuestro país Matteo Pagliari asumirá la dirección musical, y el chileno Rodrigo Navarrete en la dirección de escena. Además, forman parte del espectáculo el Coro Nacional, dirigido por Javier Súnico, el Coro Nacional de Niños, dirigido por Mónica Canales, y la Orquesta Ciudad de Lima. Las entradas están a la venta en Teleticket. INTRODUCCIÓN A LA ÓPERA TURANDOTCONFERENCIA El Instituto Italiano de Cultura presentará este sábado 27 a las 6 p.m. la conferencia “Introducción a la ópera Turandot” en el marco de la temporada de esta pieza de Puccini en el Gran Teatro Nacional a cargo de la Asociación Romanza. La conferencia estará a cargo de los maestros Dario Tondelli (pianista) y Matteo Pagliari (director de orquesta) y permitirá no sólo acercarnos a la historia de la princesa Turandot sino también al contexto que vivía el autor al momento de crear la ópera. Los expositores tocarán también secciones de la ópera durante la conferencia. Auditorio del Instituto Italiano de Cultura (Av. Arequipa 1055, Santa Beatriz). Ingreso libre. La conferencia también abordará otros temas como la influencia wagneriana en el estilo y la técnica de la ópera y la importancia de esta pieza como la última gran ópera del “siglo de oro” del melodrama italiano. “Turandot” fue estrenada en la Scala de Milán en 1926, dos años después de la muerte de su autor, quien logró concluir sólo hasta la mitad del tercer acto por lo que la obra debió ser concluida a partir de los bocetos de Puccini por Franco Alfano. La ópera narra la historia de la princesa Turandot y cómo el príncipe Kalaf logra vencer su reticencia y temor inicial a casarse con un extranjero. El príncipe Kalaf debe descifrar tres acertijos o morir, como ha venido sucediendo con sus antecesores. Él no sólo logrará vencer el reto, sino ganar la confianza de la fría Turandot. SOBRE LOS EXPOSITORES DARIO TONDELLI se graduó en el Conservatorio “G.B. Martini” de Boloña y su interés en la correpetición lo llevó a participar en un curso de especialización en el Teatro Lirico Sperimentale A. Belli di Spoleto en el 2007. Desde octubre del 2008 a junio del 2010 asistió al curso de alto perfeccionamiento de la Scuola dell'Opera Italiana del Teatro Comunale di Bologna. Ha participado como pianista de sala en producciones operísticas en teatros y festivales tanto en Italia como en el exterior, entre los que destacan: il Teatro Comunale di Bologna, il Teatro San Carlo di Napoli, el Festival Alejandro Granda de Lima. Ha colaborado en diversas producciones de ópera y dictado clases maestras de técnica vocal e interpretación. MATTEO PAGLIARI estudió piano en el Conservatorio Arrigo Boito de Parma y en el Conservatorio Giuseppe Verdi de Como, donde se graduó. Posteriormente, estudió Dirección de Orquesta en la Academia Musical de Pescara y en el Conservatorio Arrigo Boito de Parma. Entre 1998 y 2001 fue Director Artístico y Principal del Coro "Ciudad de Parma" y desde el 2002 trabajó en producciones operísticas como  "Macbeth", del Festival de Spoleto; "La fille du regiment", en Lecce; y "Tancredi", en el Teatro Real de Madrid. Ha trabajado con solistas de gran nivel como Juan Diego Florez, Daniela Barcellona, Gregory Kunde, Patrizia Ciofi, entre otros. Es frecuentemente invitado como director por importantes orquestas como Orquesta Sinfónica Siciliana, Orquesta Sinfónica de Roma, Orquesta Sinfónica de Extremadura, Teatro Nacional de Albania, Ópera de Tenerife, entre otras.




E così dolce il suon della sua voce...

21 de agosto

Y la música “voló” en Castell Jalpí…

Los Tres Tenores, Carreras, Domin... Stop. Rebobino. Otra vez Stop, y le doy al Play de nuevo. Los Tres Tenores, Albert Casals, Carles Cosías y Albert Deprius – ahora sí- junto al pianista Ricard Estrada fueron los encargados ayer noche de poner punto y final al “XVIII Festival de Música Clàssica de Santa Florentina”, este año, teniendo como telón de fondo el incomparable Castell Jalpí, en la localidad de Arenys de Munt. El perfume a humedad dominaba una noche que estuvo envuelta por un estallido de naturaleza. En este marco, el color verde y su olor a limpio se erigió dando un guiño al azul y salado del mediterráneo. La brisa, para nada suave, soplaba intermitentemente, pero con ganas. Chaquetas multicolor, entre las que se destacaba el clásico y nunca perecedero blanco, llenaban la platea ubicada en el patio del Castell Jalpí, un espacio que, desde hace tiempo, también se utiliza para celebrar bodas. Y frío. Sí. En pleno agosto, pero frío. Suave. Pero al fin y al cabo, frío. Y fue este invitado sorpresa – a quien nadie había llamado ni por asombro- el que hizo temblar a más de una valiente que había creído que la noche sería bochornosa y que, desafiando al clima, optó por vestidos finos de tirantes y por los elegantes palabra de honor. Sólo las tres voces, y las diestras manos del pianista, conseguían aumentar la temperatura ambiente, sobre todo a medida que el concierto iba avanzando. Y es que la estación estival invita a disfrutar de este tipo de eventos en que los diversos géneros musicales se mezclan en un cubilete, se remueven un poco, y al arrojarlos dan como resultado veladas desenfadadas donde el arte, talento y música se ponen al servicio de los melómanos que disfrutan o no de sus vacaciones y que agradecen que se de aliento y aire a este tipo de acontecimientos. Y de aire… De aire va la cosa, puesto que este invitado de última hora no fue para nada cómplice de los intérpretes. Partituras que volaban y caían al suelo y que tuvieron que ser recogidas en más de dos, de tres y de cuatro ocasiones. El cabello de los artistas ondeaba al viento cual vela lo hace en el mar, mientras que el del público hacía lo mismo y en los mismos intervalos de tiempo. Aquí sí hubo complicidad. Si bien el espacio escogido este año para clausurar el “XVIII Festival de Música Clàssica de Santa Florentina” no fuera el más adecuado en cuanto acústica se refiere lo cierto es que el público aplaudió y bastante pero sin llegar jamás a un entusiasmo y delirio en general a pesar que, al final, algunas personas del respetable decidieran ovacionar al cuarteto de pie. Típico y tópico. Un clásico que jamás pasa de moda tampoco. Si ello se sucedió así, me pregunto… Tres Tenores, una perfecta combinación para el deleite del público. Si ellos levantaban estadios…entonces, ¿cuál ha sido la fórmula de su éxito? Me temo que ésta –al igual que la de la Coca-Cola – a día de hoy continua siendo uno de los secretos más celosamente y mejor guardados. Pero un concierto así no es para nada desaprovechable y siempre resulta interesante, a la par que atractivo, gozar de un espectáculo como el de anoche. Gozar, en definitiva, de la voz del tenor en tres estilos, voces y timbres completamente diferentes. Y para aquellos que somos de tenores, es una motivación extra. Calcetín del revés Sorprendió el programa por su orden, no pues por contenido, típico y previsible. La mezcla de ópera, napolitanas y zarzuela fueron sus notas principales, pero se sucedieron, en esta ocasión, al revés. Cuando se está esperando un aria de ópera para iniciar la velada con un compás formal es en su lugar una napolitana la que encabeza el concierto, y dónde no extrañaría una romanza de zarzuela u otra napolitana, la ópera es la que se pasea con insultante descaro por el escenario. Un orden diferente. Un concierto distinto en el que se da un cierto toque de originalidad. Un intento quizás de relajar al público “calentándolo” con notas ardientes y pasionales que nos hablan de Nápoles, de su sol ardiente, del mar, del amor, de los celos y también, del desamor, para concentrarlo estratégicamente con arias de ópera conocidas y raídas que siempre apetecen escuchar una y otra vez. Aquellas que, cual banda sonora, forman parte de nuestra cotidianidad, de nuestras rutinarias jornadas de trabajo, pero también de las de descanso y ocio. En el programa entregado no figuraba quién interpretaba qué, por tanto, podíamos jugar en el público a hacer quinielas: esta para uno, esta para otro –intentando encajarlas según estilo y voz, pero también por preferencias personales, que todos tenemos, claro está. Otro calcetín que también vino del revés fue, ni más ni menos que el inicio del concierto. Leoncavallo y su “Matinatta” en la voz de LOS TRES TENORES cuando todos esperábamos que se atacara de forma individual. Fue entonces cuando se adivinó de qué forma se sucedería el concierto: 1 de Tres Tenores, 3 de individuales. Y así se hizo. Así se cumplió. El pistoletazo de salida a una sola voz fue con “Non t´amo più” del gran Tosti. Una bella y pasional napolitana que puede dar y ofrecer mucho juego al intérprete si se sabe frasear bien y hacer uso de los matices adecuados. Sonó bien en la voz del tenor catalán ALBERT CASALS, quizás con un tempo – opinión personal – demasiado ralentizado en una pieza que, por narración, admitiría un discurso más suelto, al igual que sucedió con la suave “Non ti scordar di me” de Ernesto de Curtis que cantó el también tenor ALBERT DEPRIUS cuyas notas y compás son perfectamente portables a compás de vals y éste, como rey de los bailes, hubiera agradecido una interpretación más ligada con un tempo diferente. Otras directrices, otro aire fue el que marcó durante todo el concierto, en todas y cada una de las interpretaciones en las que intervino el otro tenor, el tercero en este primer bloque individual, y que responde al nombre de CARLES COSÍAS. Su “Dicitencello vuie” resultó impecable. Su tempo más suelto y su canto mucho más ligado. Supo sacar el temperamento a lo largo de la repetición en la segunda estrofa diferenciando de este modo el discurso de la primera sin caer en el recurrente error de dramatizar o lloriquear aquello que no lo requiere. Y antes de centrarme en el segundo bloque conjunto que dio paso al segundo individual, hago mención a una curiosidad y es que, en un concierto donde dominó insultantemente la napolitana, se echó en falta el uso de la vocal neutra, que los tres tenores catalanes tienen, pero que no exhibieron. Si que alguna “neutrecilla” se le escapó para deleite mío a Carles Cosías, pero esto fue la excepción que rompió la regla cuando lo recurrente debía haber sido, con este género, lo excepcional. Y sin neutra se cantó también a trío una de mis piezas preferidas y que realmente tocan mi alma, que no es ni más ni menos que “Musica proibita” de Gastaldon. Y cada vez me daba más ganas de ponerme a cantar con los Tres Tenores, tal como hago con los otros Tres Tenores. Debo decir, pero, que el reparto de las estrofas, de los más bellos momentos de estas piezas que los tres, dentro del terceto cantaban a nivel individual, no fue para nada equitativo en lo que a lucirse se refiere. Hecha aquí dicha manifestación continúo con cada uno de los intérpretes. Al regreso de este clásico, siguió otra de las clásicas, valga casi la redundancia. La voz de CARLES COSÍASvolvía a deleitar con su “Una furtiva lagrima” una romanza que por estilo se adecúa mucho a su timbradísima voz. Matizando y alardeando de esos pianos “marca de la casa”, Cosías arrancó los primeros bravos de la noche de un público que, poco a poco, iba despertando después de sortear, con gusto, el grupo de las napolitanas. Solo el estrepitoso teléfono móvil de la señora que tenía al lado- y que no había manera de silenciar- estuvo a punto de deshacer el hechizo que el mago del escenario había conjurado y lanzado desde que, el maestro RICARD ESTRADA, hiciera sonar las inconfundibles notas que encabezan una de la arias de ópera más universales. Parece mentida que a estas alturas haya gente a la que se le olvide aún parar el teléfono. Y el dichoso teléfono volvió a sonar en la siguiente pieza. Esta vez, el perjudicado, ALBERT CASALS que interpretó, pero con trampa, el aria “Quando le sere al placido”. De hecho es cierto que en el programa solo anuncia el aria (sin incluir el recitativo “Ah fede negar potesse”, si, cierto) pero para mí esta aria lleva indisolublemente la necesidad de interpretar antes este acertadísimo recitativo que, como tantos otros que salieran de la pluma del maestro de Busetto, me encanta. Una lástima no poder gozar del mismo. Quizás en otra edición. Voz correcta y adecuada para afrontar un aria dulzona y melodiosa, que tiende siempre también a ser ejecutada de manera demasiado lenta. Y llegó, por fin la zarzuela con “No puede ser”, otro clásico de clásicos en cualquier concierto que se precie, y fue en esta ocasión ALBERT DEPRIUS el responsable de afrontarla. La voz es robusta y suficiente, el fraseo quizás no tan matizado, pero salió más que victorioso escuchando un aluvión de bravos, que como un tsunami, venían rápidamente desde lo más fondo de la platea hasta la primera fila. Pero, si hubo alguien que se llevó ayer noche el gato al agua y sin necesidad de hacer exhibiciones de dramatismo innecesario para causar fervor al público con ecos veristas y arrancar de él ensordecidos bravos, este fue sin duda el tenor CARLES COSÍAS. Con todas sus piezas, sí, pero especialmente en este “Bella enamorada” – que borda y que ayer bordó excepcionalmente- de la zarzuela “El último romántico” de Soutullo y Vert. Por fraseo, por uso inteligente de recursos musicales, por sus pianos, por su gusto extremo a la hora de cantar, por sus matices, por su timbre y por su bella voz – que es de justicia decirlo y repetirlo y nunca me cansaré de hacerlo y difundirlo. Fue precisamente él con todo su arte quién emocionó a todos los allí presentes. Es verdad que la romanza es bella, pero ¿qué sería de ella sino se ejecutara con una voz y estilo como los descritos? Cada uno de los presentes en el concierto, bien seguro tendrá una opinión completamente distinta. Y finalmente, cerró la primera parte la popular “Granada”, con el trío de nuevo encima del escenario, en la cual se permitieron hacer más que merecida mención, entre broma y broma buscando crear un ambiente distendido, al maestro RICARD ESTRADA, también, de justicia. Sus manos deslizadas por las teclas blancas y negras del piano hacían las delicias del oyente mientras los intérpretes respiraban. Vaya piano… ¡Qué manos…! Y siguieron volando las partituras… “Qual piuma al vento”… Pues lo mismo. En la segunda mitad del concierto, junto con el aire, se convirtieron en protagonistas. Ondeaban en el atril y la música ahí escrita volaba hasta aterrizar al suelo. Allí se quedaban hasta que Cosías – siempre le tocaba a él- las recogía. Trabajo extra añadido para él, si cabe. Al son del inevitable “O, sole mio” los TRES TENORES abrieron la segunda parte prácticamente dedicada por entero a la ópera. Trinos de rigor ineludibles – a ver quién la hace más gorda y mejor y con cuánta duración- dieron paso a una de las arias más hermosas que se hayan escrito nunca. Puccini, “Tosca” y su “E lucevan le stelle”. Combinación perfecta. Los dedos del maestro ESTRADA en el teclado reproducían la atmósfera necesaria. La noche, la luna, las estrellas… Y esta aria, con todos estos elementos, si se escucha al aire libre con el relente de la noche y su frescor, hace que nos transportemos. En ese momento, sólo existe la música. Evocar la noche cuando es de noche. Sentir la noche cuando es de noche y hacerlo al aire libre se convierte en algo mágico y muy especial. Es cuestión de vivirlo y sentirlo, así de fácil y esta aria es la mejor y más propicia embajadora para tal cometido. Fue en esta ocasión ALBERT DEPRIUSquien personificó a Cavaradossi, el pintor enamorado de Tosca. La voz es adecuada para el papel, y el fiato exhibido, más que suficiente. Sin embargo, con ella y con sus otras dos intervenciones posteriores adolecieron de un dramatismo, que en la cantidad adecuada se agradece, pero que pasándose de su justa mesura, como hizo en algún momento para ir en busca del efecto y posterior arrebato del público, afea la interpretación, a pesar de estar bien cantadas. Y siguió ALBERT CASALS con “Ah! Lève-toi soleil” del “Romeo et Juliette” de Gounod invocando el sol en medio de la noche. Su francés mucho más que correcto y natural, y la voz, adecuada para una pieza que domina por estilo. Su canto flotaba en el ambiente. Fue uno de sus grandes momentos del concierto, y su canto había adquirido ya un tempo mucho más equilibrado que en la primera parte. Gounod dio la alternativa a Massenet, otro genio de crear ambientes simplemente con la descripción de su música y sin necesidad de que a la misma se le añada letra. Llegó el turno de CARLES COSÍAS con una interpretación estupenda del “Pourquoi me réveiller” del “Werther”, aria difícil y comprometida y que de nuevo, hizo las delicias del público. Agudos bien asentados en una pieza en que el fraseo y el matiz van unidos. Y de esto Cosías es buen sabedor y lo lleva a la práctica sin duda. Lanza y mastica bien las palabras, y su dicción impoluta ayuda a la excelsitud del intérprete. Otra dosis de dramatismo en exceso que busca el efecto -pero muy bien ejecutado- fue lo que nos sirvió ALBERT DEPRIUS con su “Lamento de Federico”, otra de las grandes piezas que da mucho juego a la voz de tenor. Un aria donde las palabras son extremadamente importantes. Cada una de ellas debe lanzarse correctamente, y Deprius lo hizo, lo matizó bien, dando sentido a cada una de ellas. Voz que resultó interesante, adecuada así como su timbre. Seguidamente, momento más de relax, y de nuevo los TRES TENORES se cantaron un maravilloso “Core´ngrato” de Salvatore Cardillo que precedió al primer hit de hits de la ópera. Y es que… ¿quién no ha escuchado jamás “La donna è mobile? Que levante la mano aquél que en alguna ocasión no la haya cantado bajo el chorro del agua caliente de la ducha. ALBERT CASALS fue el Duque de Mantua. Su interpretación buena. Su voz adecuada aunque quizás un poco extremo el “pensier” final. Y de Verdi a Verdi, y tiro porque me toca. Del “Rigoletto” a “I lombardi alla prima crociata” en la voz de CARLES COSÍAS, una pieza breve, quizás la menos difundida y menos cantada de un programa bien equilibrado. Cosías sacó a relucir de nuevo su gusto, su capacidad de adornar con la belleza de su voz una parte corta y poco agradecida. Tocó la fibra ALBERT CASALS, con el que junto a su “Romeo” fue una de sus mejores intervenciones de la noche. “Rosó”, la bella “Rosó” con un dominio absoluto de la música y del fraseo, con un catalán impoluto y que no todo aquel que habla en catalán lo pronuncia adecuadamente. Casals, sí. Y aunque parezca fácil cantar en tu propio idioma, está más que demostrado que con una fonética inadecuada, con sones hablados inadecuados al hablar, cuando se traslada al cantado, el fraseo se resiente y adolece de la mala pronuncia. Su discurso, excelente. Su voz, bien equilibrada. Su delicadeza, cuidada. Los aplausos, pues, cantados y merecidos. Bravo!!! De catalán iba la cosa ahora. Entonces fue cuando ALBERT DEPRIUS nos ofreció su versión del “Pirineu” de la zarzuela “Cançó d´amor i de guerra” de Martínez-Valls. Al igual que su compañero Casals, destacar su neta dicción en catalán, la verdad es que un auténtico lujo escuchar así el catalán cantado. Una pieza que se le nota rodada, que no es la primera vez que la canta, vaya. Acometida con seguridad aplastante a pesar de que buscó de nuevo el efecto alargando quizás notas que – opinión personal- de forma innecesaria, pero, cada intérprete sabe lo que busca, lo que hace, lo que da y lo que ofrece. Ejecución mucho más que correcta y válida. El concierto, valga a decir, oficial, se cerró con la divertida “Funiculì, funiculà” con las tres voces al unísono, pero nadie se creía que aquello finalizara allí. El público aplaudía, algunos de ellos de pie. No se escucharon muchas peticiones de bises porque parece que los mismos sean ahora de un obligado ineludible, como un apéndice más que se incluye o se exige ya en el concierto e incluido de salida ya en el precio de la entrada. Una cuestión más o menos como compartir unos minutos con el artista, pues hay público que cree o piensa que esto, también va incluido en la entrada. El “otro” concierto Seguían ondeando y volando partituras y el público allí agolpado no se iba y seguía también aplaudiendo. Los bises no se hicieron de rogar y el primero, dedicado a Carlos Harttmann, organizador del Festival como regalo de cumpleaños, fue el “Nessun dorma”, el segundo gran hit del concierto. Y de la China imperial, de nuevo a Italia, a Sorriento, con la bella “Torna a Surriento” con sus dos estrofas, y con los tenores relajados, sonrientes y con ganas de más, aunque lo que buscaban era el ruego del público. Me llevé las manos a la cabeza en un gesto inevitable de incredulidad cuando escuché el piano del maestro Estrada las primeras notas del “Júrame” una canción que donde las haya destaca por belleza, por melodía, por lo que explica, por sentimental. Y por sentimental me tocaron la fibra de nuevo, puesto que esta canción era una de las preferidas de mí abuelo que, aunque esté en el cielo, ayer noche inevitablemente, como siempre, estuvo presente en el concierto. A mi lado. A nuestro lado. En la silla vacía de mi izquierda que separaba mi localidad de la de la señora del móvil. Para él la guardaban. Un concierto de Tres Tenores. Un concierto especial por lo que significa para mí. Para nosotros. Para él. Por lo tanto, quiero agradecer desde lo más profundo de mi corazón al artífice de la elección de esta pieza, sea quien sea, eso no importa, y también a los tres intérpretes que seguro que hicieron con sus voces esbozar una sonrisa en los labios de mi abuelo. Gràcies, nois!!! Pero no quiero concluir este bloque sin hacer mención a la ejecución del cuarto intérprete, que es el piano del maestro ESTRADA que mientras en el “Júrame” los artistas tomaban aire, el maestro nos puso el vello de punta con las notas en solitario que preceden de nuevo las voces de los intérpretes. Y entre tantas partituras que tenían encima del atril… Tantas que habían volado… Tantas que se habían recogido… Tantas… Tantas, que acabaron con otra versión del “O´sole mio”, trinos de nuevo, broma incluida. Un guiño a la complicidad con una pieza final que arrancó en esta ocasión una carcajada a un público que gozó de más de dos horas de música con tres voces estupendas acompañados por un pianista de auténtico lujo. ¿Y no os preguntáis…? ¿Dónde acabó el móvil en la segunda parte?... Curiosamente dentro de un tiesto gigante para que no molestara. No sé si llegó a sonar o no. La cuestión es que no molestó más. Ignoro si se quedó allí o la señora lo recogió. Eso… jamás lo sabremos.



Ópera Perú

11 de agosto

Jonas Kaufmann: Al encuentro con un coloso de la lírica

©Sony Music EntertainmetENTREVISTA. Conversamos con el mas grande tenor de hoy antes de su visita a Lima, anticipando lo que será un inolvidable recital este viernes 12 de agosto en el Gran Teatro Nacional, junto al pianista Helmut Deutsch.Por Gonzalo Tello - desde Buenos AiresÓpera de Paris, año 2004. Producción de Otello en La Bastille con Vladimir Ghalouzine y Barbara Fritolli. El rol secundario de Cassio es cantado y excelentemente actuado por un histriónico joven cantante-actor alemán llamado Jonas Kaufmann. Metropolitan Opera de Nueva York, marzo del 2007. La esperada producción de Franco Zeffirelli de "La traviata" de Verdi traía a la gran Krasimira Stoyanova y un joven Jonas Kaufmann que había debutado en este teatro meses antes, en este mismo rol, junto a la consagrada Angela Gheorghiu. En ambos casos, mis dos experiencias previas en vivo con este cantante, la impresión fue la de un actor importante, de presencia y resaltando en el mar, sin embargo aun no se presagiaba el gran salto que daría este tenor alemán al estrellato.© Julian HargreavesJonas Kaufmann (1946) es hoy por hoy el tenor mas importante y celebrado del mundo. Es el tenor que las casas de ópera se pelean por tener, el que su sola presencia agota entradas desde Nueva York hasta Londres y Viena, y sus conciertos al aire libre congregan a miles. Es el Pavarotti de la actualidad, quizá no con la misma voz, pero si con una presencia y carisma que ha atrapado a muchos fans que compran sus discos e incluso lo han hecho encabezar ranking de ventas.© Gregor HohenbergKaufmann posee una voz que encandila a miles, por una técnica abaritonada que ha ido desarrollando con el tiempo. En sus inicios interpretaba roles de Mozart, Schubert, lieder, entre otros, con una voz mucho mas abierta y ligera. Con el tiempo ha ido perfeccionando la emisión para ofrecernos excelentes interpretaciones como Fausto, Alfredo, Florestán, Tamino o Fierrabras, y ha ido creciendo hacia roles drámaticos como el de Lohengrin, Siegmund, Parsifal, Don José, Turiddu, Canio, Alvaro, Manrico, Des Grieux, entre otros, que podemos disfrutar en una gran cantidad de videos comerciales o en Youtube. Y es que Kaufmann se ha vuelto tan atractivo que es una maquinaria comercial.Incluso rubros como el pop han sucumbido a su talento. La cantante Madonna expresó su gusto por el tenor y la intención de hacer una colaboración con el. Se los vio juntos varias veces y se especuló romance en la prensa del corazón. Kaufmann negó los rumores. Con su disco "Álbum de Berlín" en que canta canciones populares de los inicios del siglo XX, Kaufmann logró encabezar ranking de ventas de discos pop.Legendarios directores como Richard Eyre aseguran que Kaufmann es un gran actor como Robert de Niro o Al Pacino, y brilla en cada interpretación, dejando una impresión inolvidable en el público.© Brigitte Lacombe / Metropolitan OperaGracias a las transmisiones en cine que nos llegan desde Nueva York o Londres, hemos podido seguir la evolución de Kaufmann a través de roles como el Fausto, Werther, Don Carlo, Siegmund, Parsifal o Andrea Chénier, con resultados extraordinarios y en los que podemos apreciar su sencillez y buen humor a través de entrevistas o escenas extendidas. Los grandes logros de Kaufmann lo han hecho acaparar las portadas y los premios mas importantes dedicados a la lírica, así como haber sido el único cantante que da un recital en solitario junto al pianista Helmut Deutsch, sobre el escenario de la Metropolitan Opera, algo que no pasaba desde que Luciano Pavarotti lo hiciera en 1994.Su concierto "Una noche con Puccini" por el que mereció ovaciones de pie en La Scala de Milán, fue transmitido en cines de EE.UU. y Europa, y ha impulsado su álbum dedicado a Puccini a ser éxito de ventas.Promoción de "Andrea Chénier" © Royal Opera HouseEn su página web podemos encontrar decenas de grabaciones comerciales de varios géneros en los que Kaufmann destaca, como óperas de Verdi, Puccini y Wagner, los tres compositores que mas interpreta.Es por todo lo anterior mencionado y mas que el debut de Kaufmann en tierras sudamericanas ha generado una enorme expectativa. Por primera vez la voz del tenor se escuchará en Buenos Aires, Sao Paulo, Santiago y Lima, tanto con orquesta como acompañado por el célebre Helmut Deutsch, uno de los pianistas acompañantes mas reconocidos en el género del lieder.© Prensa Teatro Colón / Arnaldo Colombaroli.Fui testigo hace escasas horas del triunfo de Kaufmann sobre el escenario del mítico Teatro Colón, cantando canciones de Mahler junto a la Orquesta del Diván Este-Oeste, dirigida por Daniel Barenboim, y dando dos bises de Richard Wagner: El "Winterstürme" de "Die Walküre" y la canción "Traüme", que fue interpretada al piano por Barenboim. Luego de esta presentación dará recitales al pìano en Lima, Sao Paulo y sobre este mismo escenario, y terminará la gira con un concierto en la Movistar Arena de Santiago.Conversamos con Jonas Kaufmann, quien a pesar de su talla como estrella de la ópera no deja de lado la sencillez y una forma de ser muy juvenil y directa. Quizá ahí reside la clave de su éxito.¿Cuánta responsabilidad sientes al ser llamado “el mejor tenor del mundo? ¿Cuán difícil es mantener un alto estándar en cada presentación?Bueno, eso es algo ambivalente. Por supuesto que es un gran honor, pero también es una responsabilidad y algunas veces una traba. Mientras mas alto es el pedestal en que te ubican, mas grande es la caída. He visto a muchos cantantes ser adorados con superlativos a cierto grado que muchos lo toman como una provocación y comienzan a objetar. Personalmente, soy cuidadoso con adjetivos superlativos en las artes. En deportes, tu puedes decir “este es el corredor mas rápido, el nadador mas rápido…”. Pero, ¿el mejor cantante? ¿el mejor director? Prefiero que la gente diga: “Esta es una interpretación que nunca olvidaré”.La soprano Renée Fleming estuvo recientemente en Lima y ella elogiaba el que hagas  Yoga antes de cada función. ¿Cuáles son los secretos que te ayudan a obtener lo mejor de cada presentación? Yo no creo que tenga algo como un “secreto”. Así como en la alta competición en deportes, todo depende de estar listo, mental y físicamente. Lo cual implica calentar el cuerpo (no solo la voz), haciendo Yoga o entrenamiento autógeno.Hoy eres considerado como el “Rey de la ópera”, pero quizá sea en las canciones donde demuestras de manera integral tus capacidades. ¿El cuál repertorio te sientes mas cómodo y crees que muestre lo mejor de tu arte? Sin querer disminuir la importancia del gran canto lírico, pienso que el ´lieder´es la “Royal class” (Clase Real) sobre todos los géneros de canto. Este canto demanda un toque mucho mas delicado que cualquier otra disciplina, mas color, matices, control dinámico, un manejo mas sutil de la música y texto. Uno está expuesto todo el tiempo, eres solo tu y el pianista, ambos son responsables de todo el evento y no pueden acusar a nadie mas si algo sale mal. Por el otro lado, eres absolutamente libre de todas esas cosas de las que dependes cuando cantas ópera. No necesitas hacer compromisos, puedes siempre ser fiel a ti mismo. Pero tienes que mantener a la audiencia atenta, de inicio a fin. Tu no cuentas una historia como en la ópera, sino veinte pequeñas historias, siempre cambiando el humor, estilo, idioma, y expresión. Para mi, esto es mucho mas demandante y fascinante.¿Planeas debutar nuevos roles demandantes, como Tannhäuser o Tristan, pronto? No pronto, pero ambos Tannhäuser y Tristan llegarán.¿Cuáles han sido los logros que has disfrutado mas?Mi debut en la Ópera de Paris en el 2010 con “Werther”. Un alemán cantando ese rol en el epicentro de la ópera francesa - Eso fue mucho, y no puedes imaginarte cuan feliz estuve de la respuesta entusiasta de la audiencia.  Un caso parecido, aunque mas difícil, fue mi concierto de Puccini en La Scala en junio del 2015. A pesar de todos los cambios que se han dado en la ópera, La Scala se mantiene como lugar especial por varios aspectos. Que un cantante alemán de un recital dedicado a Puccini es una gran cosa. Bueno, yo ya había cantado "Tosca" allí antes, y tenía la impresión de que me aceptaban cantando repertorio italiano...pero para lo que no estaba preparado era para esas ovaciones de pie aquel día. Fue un de los mas felices en mi carrera.Has grabado mucho discos de diversos repertorios y géneros, y próximamente llegará "Dolce Vita" dedicado a las canciones napolitanas...("Dolce Vita") es una colección de canciones populares italianas, desde la época de Caruso y Gigli hasta las de Luciano Pavarotti, Zucchero y Lucio Dalla. Incluye temas como "Caruso", "Mattinata", "Core n´grato", "Torna a Surriento", "Voglio vivere così", "Passione", Musica Proibita", "Volare", "Parla più piano", "il canto" y " Con te partiró". Es un amplio rango considerando el estilo, pero se demostrará con este álbum que en Italia la melodía es una fuerte y continua tradición que nunca se detuvo, pues es parte escencial de la cultura italiana. Esta música fue escrita para conmover a la gente, y eso es exactamente lo que quiero hacer cuando la canto.¿A qué tenores del pasado admiras mas? Hay muchos a los que admiro, desde Caruso y Björling, a Corelli, Bergonzi, Vickers, y los “Tres tenores”, Pavarotti, Domingo y Carreras. No nos olvidemos de Nicolai Gedda, quien campeonó en una enorme variedad de diferentes estilos e idiomas. O Fritz Wunderlich, con esa increíble energía y total envolvimiento que nunca decepcionó al oyente! Sus grabaciones de “Granada” o “La canción de la Tierra” están entre mis discos para una isla desierta.Si tuvieras que elegir llevarte solo una partitura, ¿cuál sería?¡Afortunadamente nunca me obligarán a tomar esa decisión! No, francamente, no puedo responder a esa pregunta. Si me preguntan por mi rol favorito, suelo decir: “El que interpreto esta noche”.¿Qué incluirá el programa que lleves a Lima?La primera parte contendrá una colección popular de canciones de Franz Schubert y Robert Schumann, seguida por maravillosas canciones escritas por Henri Duparc.  En la segunda parte ofreceremos los "Sonetos de Petrarca" de Franz Liszt y una colección de canciones de Richard Strauss, incluyendo “Heimliche Aufforderung” y “Cäcilie”. Artistas alrededor del mundo gustan del calor y la acogida de las audiencias latinoamericanas. ¿Cuales son tus expectativas en esta primera visita a la región?Estoy muy ansioso con mi debut en Sudamerica. No solo como experiencia profesional, sino en cada aspecto: Gente, cultura, ciudades, el campo, ¡todo!Jonas Kaufmann llega a Lima gracias a TQ Producciones, y se presentará este viernes 12 de agosto en el Gran Teatro Nacional junto a Helmut Deutsch. Las entradas están a la venta en Teleticket.

Pablo, la música en Siana

17 de julio

Bonsais y crisantemos

Sábado 16 de julio, 20:30 horas. Gijón, Fundación Museo Evaristo Valle, Ciclo de Música de Cámara: Siripong Tiptan (violín), Ignacio Rodríguez (violín), David Abrahamyan (viola), Jaime Calvo-Morillo Rapado (violonchelo), Sergey Bezrodny (piano). Obras de Brahms y Puccini. Entrada: 10€. El verano no supone descanso para los músicos y si cuentan con espacios como el museo gijonés donde poder ofrecer su trabajo, mucho mejor, inaugurándose este ciclo de lo que llamo la base musical, tanto para intérpretes como público, la música de cámara. El entorno del "Evaristo Valle" sigue siendo único en cualquier estación, y esta vez los bonsais, la paciencia, el tiempo y el verdadero amor por la naturaleza tuvieron de nuevo paralelismo en la compañía musical como intentaré describir en las siguientes líneas. Alrededor del conocido virtuoso afincado en nuestra tierra Sergey Bezrodny se aglutinan jóvenes que sabedores de la solvencia del pianista ruso en estos repertorios aprovechan para trabajar unos conciertos básicos en sus carreras, y así conocí este sábado al violinista tailandés Siripong Tiptan quien con el ruso interpretó la Sonata para violín y piano nº 2 en la mayor, op. 100 (1886) de Brahms, el siempre exigente hamburgués que dominó el género camerístico como pocos, siendo un romántico que bebió de las fuentes clásicas para elevarlas a su quintaesencia. Tres movimientos donde poder respirar su riqueza melódica compartida por un dúo exigente técnicamente, el violín cantabile y el todopoderoso piano rivalizando en belleza protagonista, con un Allegro amabile de sonoridad carnosa por parte del tailandés más el contrapeso pianístico del ruso compañero ideal en estos viajes. El movimiento central juega con cambios de aire y amplias dinámicas que resultaron equilibradas y serenas (Andante tranquilo. Vivace. Andante. Vivace di più. Andante. Vivace) para quien se mostraba como un valor en alza con ganas de volar alto en los extremos. El Allegretto grazioso (quasi andante) devolvió la calma musical con el piano manteniendo una pulsación que frenase ímpetus desbocados, el contrapeso y equilibrio ideal para lograr con más tiempo una joya de cámara, un bonsai frondoso al que sólo la paciencia y el paso del tiempo dará la forma deseada. Escrita para cuarteto de cuerda pudimos escuchar I Crisantemi (1890) de Puccini, luctuosa y colorida flor de temporada para tres conocidos músicos a los que se sumó Tiptan cual jardinero jefe, ejerciendo de primero pero compartiendo ideales, en algo más que el mero ejercicio compositivo del gran compositor de Lucca. Su concepción melódica para la escena se puede apreciar en esta composición donde Tiptan, Rodríguez, Abrahamyan y Rapado fueron cantantes de cuerda frotada, como dos sopranos de timbre irreal por uniforme, compartiendo acción con el tenor y el barítono, frases combinadas con temas que reaparecerán en Manon Lescaut desde el dominio armónico exportable a la orquesta dada la riqueza de esta breve obra elegíaca dedicada a Amadeo de Saboya duque de Aosta y rey de España (1870-1873), con el dolor por su muerte en enero de 1890 como bien recoge Clara Luz García en las notas al programa. El salón palaciego resulta ideal para saborear la tímbrica siempre cercana del cuarteto de cuerda, tesituras extremas y complementarias para un verdadero frasco de esencia pucciniana. Un descanso para saborear una copa de cava rosado nos prepararía para el gran Quinteto con piano en fa menor, op. 34 (1864) de Brahms, obra muy trabajada y revisada cual tilo en bonsai, evoluciones y transformaciones que denotan el incorformismo del compositor alemán para alcanzar esta obra culmen y muestra del estilo joven con sello maduro e inimitable, lo mismo que los cinco músicos que la interpretaron. Como si llevasen tiempo tocando juntos, el quinteto fue desgranando cada uno de los cuatro movimientos resultando impactantes y seguros, todos dominadores de su papel y escuchándose para hacer música además de tocarla. La propia partitura es clara y precisa en emociones pero encontrar el momento de tensión requiere tiempo y trabajo, por lo que disfrutar este quinteto con piano compartido por todos volvió a recordarme los bonsais: apretar, recortar, dirigir, esperar, regar, tiempo, paciencia, toda una filosofía de la vida y de la música, el fruto esperado que todo amante de la naturaleza contempla y reflexiona. De los cuatro movimientos bien ajustados me quedo con el Scherzo: allegro cual momento ideal antes de la poda que supuso el Finale donde la forma tomaba cuerpo y el tiempo verá crecer. La combinación de talentos ayuda a crear momentos irrepetibles, aunque la música de cámara requiera cual árboles en miniatura, mucho esfuerzo y tiempo dedicado a ello. Como público agradecer el esfuerzo de afrontar obras de estas dimensiones y aplaudir el esfuerzo de los intérpretes por buscar esa excelencia que se encuentra al final de un camino aún arrancando. Por supuesto volver a aplaudir la apuesta de la Fundación y los colaboradores por la música de cámara. Programa variado y colorido como los árboles junto a las flores en este ciclo habitual del verano gijonés que finalizará el 4 de agosto en los propios jardines (si el tiempo no lo impide) con la guitarra como protagonista. Buena opción escaparse hasta Somió, disfrutar del entorno, de la escultura, la pintura y por supuesto los bonsais de la familia Basagoiti, un ejemplo a seguir donde la música ayuda a un crecimiento vigoroso y continuado.

Giacomo Puccini
(1858 – 1924)

Giacomo Puccini (22 de diciembre de 1858 - 29 de noviembre de 1924) fue un compositor italiano de ópera, considerado entre los más grandes, de fines del siglo XIX y principios del XX. Nació en Lucca, localidad toscana. Es uno de los pocos compositores de ópera capaces de usar brillantemente las técnicas operísticas alemana e italiana. Se le considera el sucesor de Giuseppe Verdi. Algunas de sus melodías como "O mio babbino caro" de Gianni Schicchi y "Nessun Dorma" de Turandot forman parte hoy día de la cultura popular. Su primera ópera fue Le Villi (1884) y su primer triunfo Manon Lescaut (1893). Además de doce óperas, Puccini escribió otras obras notables, como una Misa solemne, un Himno a Roma, un capricho sinfónico, dos preludios sinfónicos y tres minués para cuarteto de cuerda.



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