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Música Clásica y ópera de Classissima

Giacomo Puccini

lunes 5 de diciembre de 2016


Ópera Perú

18 de noviembre

Miss Saigon - 25 Aniversario, en Cinemark

Ópera Perú© Picture House Entertainment"...tiene la calidad de una gran película y ciertamente es la mejor película de un espectáculo teatral jamás visto". Baz Bamigboye, Daily Mail(Difusión: Universal) Este 21 de noviembre a las 9:00 pm, MISS SAIGÓN: 25.° ANIVERSARIO llega en una espectacular y nueva producción del legendario musical a los cines Cinemark Jockey Plaza de Lima. Esta nueva representación de Miss Saigón, de Boublil y Schönberg, fue uno de los eventos musicales más esperados del West End de Londres en los últimos años. Récord fantástico de taquilla y ganador de numerosos premios, fue descrito por The Daily Telegraph como "el musical más emocionante, elevado y excitante que se renueva para nuestros tiempos".MISS SAIGÓN se filmó frente a un público en vivo en la presentación del 25.° aniversario y brinda a los amantes del cine de todo el mundo la posibilidad de disfrutar de este espectacular evento musical.Sir Cameron Mackintosh, productor del musical y de la película, comenta: "Los resultados fueron tan asombrosamente cinematográficos que se decidió que, para crear una experiencia cinemática/teatral única, filmaríamos tomas adicionales en enero de 2016. Como se trató de una representación filmada en vivo, la orquesta y las voces se tomaron directamente del sistema de sonido del espectáculo, de una toma y sin sonido agregado. Se decidió no eliminar digitalmente los micrófonos del escenario para recordar a los espectadores que se trataba de una obra de teatro y no de una película. Resulta notable que las emotivas actuaciones de este maravilloso elenco en primeros planos parecen totalmente naturales, como si se hubieran filmado para el cine en lugar de ser una actuación en un teatro de 1.700 butacas. La claridad del sonido y el barrido de la música hacen que esta apasionada historia resulte intensamente más emocionante y electrizante en la pantalla".Con música de Claude-Michel Schönberg y Alain Boublil (Los Miserables) y letras de Boublil y Richard Maltby Jr, MISS SAIGÓN de Sir Cameron Mackintosh está inspirada en líneas generales en "Madame Butterfly" de Puccini.  Ambientada en 1975 en Saigón, al final de la Guerra de Vietnam, cuenta la dramática historia de Kim, una joven mesera huérfana debido a la guerra que se enamora de un soldado estadounidense y termina destruida por la caída de Saigón.El talentoso elenco incluye a Jon Jon Briones como el Ingeniero, Eva Noblezada como Kim, Alistair Brammer como Chris, Hugh Maynard como John, Tamsin Carroll como Ellen y Rachelle Ann Go como Gigi.Quienes vayan al cine también disfrutarán de un final especial, donde verán al elenco del 25.° aniversario en el escenario junto a Jonathan Pryce, Lea Salonga y Simon Bowman, miembros del elenco original.Para obtener más información sobre el estreno internacional de MISS SAIGÓN: 25.° ANIVERSARIO y detalles de su proyección, visite www.misssaigon25th.com. Pueden adquirir las entradas en la boletería de Cinemark Jockey Plaza o en pre-venta a través de su página web y aplicación móvil.

Cantan ellas - El Blog de Maac

2 de noviembre

"El Gato Montés" en el Palau de les Arts - 2016/X

Siempre que se programa en Les Arts una ópera española o zarzuela tiene que haber polémica en los foros y redes sociales, polémica que todavía se acrecienta más si la obra en cuestión tiene algo que ver con Valencia, ya ocurrió con "Maror" y ha vuelto a ocurrir con "El Gato Montés", una ópera del valenciano Manuel Penella . En esta ocasión no estoy de acuerdo con las voces que han protestado por su programación, hay suficientes razones para hacerlo: al contrario que con "Maror", en esta ocasión no se ha tirado el dinero con una producción propia de corto recorrido, se ha recurrido a la del Teatro de la Zarzuela; es además "El Gato" una ópera que se estrenó en Valencia en 1917 (en pocos meses hará 100 años);  tuvo mucha repercusión en su época, no solo en Valencia, también en Barcelona (donde fue criticadísima por la prensa), en Madrid y en diversos países americanos, llegando a representarse con éxito en Broadway en una versión con final feliz y en inglés y dio lugar al nacimiento de dos películas, una muda, "Tiger Love" (1924) de Georg Melford y otra sonora, "El Gato Montés" (1935) de Rosario Pi; también "El Gato Montés" ha motivado algún estudio fuera de nuestras fronteras sobre la posibilidad de una ópera española y ha sido grabada por la Deutsche Grammophon (por las razones que fueran, seguramente por presión de algún Divo de la ópera). No me parece mal que se recuperen estas obras que forman parte de nuestro patrimonio cultural, aunque sea más por un interés arqueológico que dramático-musical. Hubiera sido interesante que, en esta ocasión, como ya ocurrió con la reposición de "El rey que rabió", se hubieran desplazado los cuerpos del Palau de les Arts al Teatro Principal, aprovechando que fue allí el lugar de su estreno en 1917, y esto lo digo por una cuestión emotiva más que por otra cosa, vamos... que no tiene mucha importancia. La verdad es que asistí al estreno de "El Gato Montés" de Les Arts totalmente in albis, no pude aguantar el visionado y escucha de algunos de los vídeos que circulan por YouTube, lo único que conocía era el dúo del segundo acto entre soprano y tenor (Soleá y Rafael) y el pasodoble más taurino entre los pasodobles taurinos. Al salir en el intermedio me sorprendieron los comentarios de amigos y conocidos en el sentido de que la obra les había aburrido como pocas, no era mi caso, yo confieso que he llegado a aburrirme muchísimo más en óperas más célebres hasta el punto de llegar a dar alguna cabezadita que otra, aunque debo decir que la mayoría de las veces fue por culpa de los intérpretes o por hipnóticas puestas en escena cual drogas psicotrópicas que enturbia y adormecen la mente. Hay que reconocer que el libreto no es ninguna maravilla y que el drama no transcurre con fluidez, que está descompensado y que la inspiración musical es irregular, abusando de algunos motivos temáticos que se repiten una y otra vez. Sin embargo hay algunos momentos muy disfrutables, como ocurre en las intervenciones del coro, momento en que la orquesta suena más colorista, en la escena de la cogida (pasodoble) al final del segundo acto y en el intermedio orquestal del tercer acto;  pero no hay ningún aria digna de figurar en antología alguna, tampoco ningún dúo que embelese. La ópera va de menos a más pero tropieza en lo dramático con la muerte de dos de los tres protagonistas principales al final del segundo acto y el tercer acto pierde parte de sentido. Le sobra como una hora de música y son dos las que dura. Se ha hablado mucho de "El Gato Montés" como de una ópera verista, yo le encuentro en lo musical muchos puntos en común con "Manon Lescaut" de Puccini, sobre todo en los momentos más dramáticos, magníficamente ejecutados por las cuerdas de la Orquesta de la Comunidad Valenciana. Lo que me gustó y mucho es la puesta en escena procedente del Teatro de la Zarzuela, y eso que a priori tenía todo lo necesario para ser anodina: ausencia de decorados y abuso de la oscuridad. Pero ahí estaba el talento de los responsables de la iluminación, el sencillo vestuario en tonos pastel y, sobre todo, la dirección escénica de José Carlos Plaza, que supo mover al coro y cantantes con el acierto suficiente como para no caer en la monotonía (como ocurrió en aquella "Carmen" de Saura de infausto recuerdo) y que resolvió con brillantez el momento más complicado de toda la ópera, la escena taurina de la cogida de Rafael. Muy buena idea la de intentar acercar la ópera a la tragedia y alejarse de la españolada más folclórica sin dejarla totalmente de lado, es lo que le faltaba a esta ópera para terminar de rematarla, abusar de la pandereta. En lo vocal la ópera, para ser de pretemporada -y aunque hubiera sido de temporada-, estuvo muy bien servida. Andeka Gorrotxategi se mostró muy entregado como Rafael, su timbre no me resulto atractivo pero brillaba especialmente al ascender al agudo y solventó todos los problemas que plantea la partitura en casi todas las ocasiones. Más fría se mostró Maribel Ortega pero su voz me pareció redonda en la zona media y aguda, sin grandes aristas, aunque con falta de homogeneidad en los graves, lo mejor es que fue una Soleá muy musical. Y Ángel Ódena, quien compuso un personaje totalmente creíble, con una voz potente y muy bien proyectada pero que no sonó fresca. Para quitarse el sombrero la completísima Gitana de Cristina Faus y la convincente Frasquita de Marina Rodríguez-Cusì. Correcto el Padre Antón de Miguel Ángel Zapater. Excelente, como siempre, el Coro de la Generalitat Valenciana y la Escolanía de la Mare de Déu (lástima que un mal ejecutado zapateado deslució la escena de los niños con la Gitana), mientras que la Orquesta sonó de forma espectacular gracias a la ágil y sensible batuta de Óliver Díaz. El resultado final fue que pasé una tarde de domingo muy agradable, que no va a ser "El Gato Montés" la ópera que cambie mi visión de la música española, que para ser de 1917 suena un poco avejentada (ese mismo año se estrenaron obras como "Turandot" y "Arlecchino" de Busoni, "Kullervo" de Sibelius, "Una tragedica florentina" de Zemlinsy o "Palestrina" de Pfitzner, pero también "La rondine" de Puccini), seguramente Penella no pretendió más que entretener.




Pablo, la música en Siana

27 de octubre

Bryn Terfel repasando y reposando ópera

Miércoles 26 de octubre, 20:00 horas. Oviedo, Inauguración de la temporada "Conciertos del Auditorio": Bryn Terfel (bajo-barítono), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de Cimarosa, Händel, Mozart, Mascagni, Gounod, Boito, Puccini, Verdi y Wagner. El galés Bryan Terfel, de quien el periodista de "Ópera Actual" y crítico del "ABC" entre otros medios, Pablo Meléndez-Haddad escribe una bella semblanza en las notas al programa, hacía su presentación en Oviedo con un recital donde repasaría sus papeles y arias preferidas desde el poco habitual barroco hasta "su" Wagner (que ocupó la segunda parte), sin olvidar el Mozart con el que triunfó y todavía sigue en el recuerdo, y por supuesto esos papeles que le van como anillo al dedo: Mefistófeles, Fausto y especialmente Falstaff, con la orquesta ovetense acostrumbrada a estos repertorios junto a su titular, quienes se lucieron en las partes instrumentales, variadas, unificadoras del programa y siempre necesarias en estos recitales de cantantes en solitario que necesitan descansar, sin olvidarnos que resultan mucho más duros que toda una ópera por el cambio de rol y la suma de arias a cuales más exigentes. Buen inicio orquestal con Cimarosa y la Obertura de II Matrimonio Segreto, nunca mejor lo de templar cuerdas que se lucieron, antes de dejar la formación camerística sumándose el clave de Sergi Bezrodny para afrontar la primera salida de Terfel con un poco transitado Händel de su ópera Berenice, regina d’Egitto, con el aria de Demetrio “Si tra i ceppi”, originalmente para castrato contralto que en la voz del barítono alcanza otros colores y con unas agilidades algo más lentas de las acostumbradas pero con un saber cantar lleno de gusto y veteranía. Punto y seguido con Mozart, una plantilla algo más amplia manteniendo el clave y un aria de concierto de 1791, Io ti lascio, oh cara, addio, K245 (621a), de las pocas escritas originalmente para bajo, porque Terfel es un barítono de graves redondos más que poderosos, agudos llenos de matices con una "media voz" inigualable, y sobre todo un legato y forma de decir el texto increíble, sumándole una escena contagiosa que engancha al público en cada intervención suya. La OFil le daría el primer descanso con Mascagni y ese bellísimo "Intermezzo" de Cavalleria Rusticana que volvió a dejarnos una cuerda aterciopelada y sonoridad compacta, casi íntima antes de sumergirnos en el infierno. Bryn Terfel preparó dos visiones de ese personaje de Goethe, primero Gounod, “Le Veau d’Or est toujours debout” de su Faust, el gusto francés con la garra galesa, metido de lleno en el personaje que ya quisiéramos haber tenido en el Campoamor, y especialmente el de Boito y su “Son lo spirito che nega” de Mefistofele, el drama italiano puesto en escena por un cantante capaz de ofrecer dos caras de una misma moneda en una transformación de carácter de la que solo los grandes artistas son capaces. Segundo descanso vocal y nueva intervención de la formación ovetense en una de las páginas que el foso no permite lucir tanto como en el escenario, el increíble orquestador Puccini con el "Intermezzo" de Manon Lescaut para "recuperar" a Gabriel Ureña en el cello maduro, de fraseo totalmente lírico para no perder sabor operístico junto al arpa siempre insustituible de Danuta Wojnar. La última salida del barítono en esta primera parte nos dejaría una de sus creaciones, Verdi con el aria “Ehi Paggio! L’onore! ladri!” de Falstaff, la barriga hinchada gritando ¡fabada! (después sacaría varias toallas además de la que traía al hombro) y escanciando sidra en vez de vino (o cerveza) pero con una interpretación que sigue siendo referente en todo, cerrar los ojos y ver este testamento verdiano con un personaje shakesperiano donde el Orson Wells de "Campanadas a media noche" venía a mi memoria coloreando el celuloide en grises. La segunda parte dedicada a Wagner con el que Terfel se ha encaramado en ese Valhalla escarpado con cada uno de los personajes de tres óperas a cual más intrincada musical y actoralmente, con dos oberturas verdianas para apenas tomar aire, de La Forza del Destino, con dinámicas y tempi buscando el ambiente alemán de programa, y sobre todo la Obertura de Nabucco, bien resuelta y plenamente italiana porque del buscado duelo entre contemporáneos no puede haber empate, además de que la OFil lo tiene más en atril que al alemán. El talento de Bryn Terfel es indudable y con una voz que se proyecta sin problemas en cualquier idioma, incluso silbando afinado, lo que maravilla es su timbre, cómo juega con él para dramatizar, su paleta de matices que para Wagner es irrefutable, tres momentos estelares, Hans Sachs en “Was duftet doch der Flieder”, de Die Meistersinger von Nürnberg (Los maestros cantores de Nürnberg), “O du mein holder Abendstern” de Tannhäuser, y sobre todo la "Canción de la estrella vespertina" como se conoce la “Música del fuego mágico y Adiós de Wotan” de Die Walküre (La Walquiria), con una orquesta que no bajó volúmenes y la técnica del galés pudo emerger sobre ella, Conti despiadado pero Terfel mandando, muchas tablas para unos roles wagnerianos que son referente en su registro y escena. Una lección operística. Y si el carácter jovial se transmitía en cada página, los regalos tocaron la otra pasión del barítono británico, los musicales con el "Si yo fuera rico" (If I Were a Rich Man) de El violinista en el tejado, l eterno musical con ese personaje soñador con los pies en la tierra que Terfel mejora al Topol cinematográfico, sin prescindir de la parte hablada con poderío emisor para toda la sala, y la canción tradicional galesa "Suo Gan" que todos recordamos por la película de Spielberg El imperio del sol, cantada con ternura y sentimiento casi íntimo bien arropada por la orquesta ovetense que volvió a ser un perfecto ropaje para tantos personajes puestos sobre las tablas por un Bryn Terfel que vuelve a brillar, perfecta inauguración para una temporada donde muchas de las grandes voces líricas del momento desfilarán por el Auditorio. Todo un lujo para nuestra Asturias, patria querida, siempre musical.

Una butaca en el paraíso

24 de octubre

Mira, o Norma

Norma de Bellini en el Teatro Real de Madrid. Primera función del segundo reparto, o sea, el re-estreno.Allá que vamos todos con ganas de disfrutar el viernes por la noche, con el teatro hasta arriba de gente expectante, porque el título es emblemático.Como yo cambié mi función del Otello es también mi rentrée, o sea que saludos, abrazos y besos por doquier. Empieza la ópera y... oh, esa obertura, pero qué bríos, ¿no? ¡¡¡Que esto es belcanto puro y duro, oiga!!! Sale el coro y lo mismo, mucho griterío. Llega Pollione y... ¡eh! ¡He dicho Pollione, no Turiddu! Tuvo que aparecer Norma para calmar los ánimos, poner las cosas en su sitio y asentar la representación. Porque el primer acto fue muy tenso, muy nervioso, muy poco belcantista. Menos mal que salió Angela Meade a poner orden. ¿Reservona, según decían los más críticos? Contenida, diría yo. Y nos ofreció un trío final de acto de agárrate a la barra que te caes. Muy buena. Porque el segundo acto ya fue otro cantar. Exactamente eso, cantar. La orquesta se suavizó y se metió en situación. A Roberto Aronica se le pasaron los nervios y encajó en el estilo. Y la señora Meade se soltó las rastas de la melena y nos ofreció una Norma rotundísima. Potente, valiente arriba y, lo mejor, con cuerpo abajo. Es verdad que el timbre no es de los más bonitos y que le faltó expresividad, pero estuvo soberbia. También esos ciento y pico kilos de soprano subiendo y bajando escaleras no es para esperar muchas florituras expresivas. ¿Resultado? Pues una ópera irregular al principio, que fue a más y acabó estupenda. ¿El problema? Que es un papel tan exigente que todas las referencias discográficas son de sopranos no-va-más, y claro cualquier representación en directo palidece ante una Sutherland, Sills, Caballé o Callas. Pero señores, al teatro hay que ir a ver, no a comparar. No me hagan como el señor de atrás quien, aparte de pasarse la función entera tosiendo y carraspeando, cuando terminó el Casta Diva soltó un "Prefiero la Callas" en el clásico volumen de voz suficiente como para que todos los que estemos a su alrededor nos diéramos cuenta de lo imbécilmente entedido que era. Vamos, que si se pulen un poco con el rodaje de las funciones, este segundo reparto de la Norma del Real puede dar muchas satisfacciones. Meade como Norma, buenísima. Aronica un Pollione muy descontrolado al principio que se fue asentando. Veronica Simeoni fue una buena Adalgisa, pero la voz se le iba atrás cuando subía, un poco irregular. Orfila correcto Oroveso, eché en falta más poderío. Buena Maria Miró como Clotilde y estupendo Antonio Lozano en el breve papel de Flavio, qué voz más bonita y sonora. En conjunto, muy buenos solistas. ¿Que se les pueden sacar fallos? Pues sí, pero sacan adelante la obra con solvencia. Roberto Abbado tiene que decidirse si quiere hacer un Puccini, un Verdi o un Bellini. Se va aclarando en el segundo acto, dejando un poco el chimpón a un lado. Y el coro lo mismo. Ahora toca el palo a la regie.Ay, señor, señor. Empieza bien: unas columnas hacen de bosque, ayudadas por proyecciones de árboles sobre el telón gasa. Trajes de época (aprox.) y luego una estructura gigantesca central que es un árbol (o el coxis fosilizado de un brontosaurio) y que sirve tanto de altar como de casa de Norma o pira funeraria, porque se hace omnipresente. Vale, lo aceptamos. Pero se queda un poco soso en el centro del escenario tan grande del Real. Y el colmo viene con unas proyecciones ultracursis de títulos de crédito de telenovela barata con imágenes de los cantantes: Pollione besándose con Adalgisa, Pollione luchando, Norma sufirendo, los niños durmiendo, una especie de escudo... una horterada en toda regla. Y con todo, los movimientos de los cantantes siguen la escuela clásica y rancia del "salgo, me paro, canto, me voy". Afortunadamente con esta ópera (y con tantísimas) es fácil obviar la puesta en escena. Ya se sabe que yo soy de fácil contentar pero, sinceramente, creo que merece la pena acercarse a esta Norma y, por lo que me han dicho (y van dos) mejor el segundo reparto que el primero con Agresta y Kunde.  Vincenzo BelliniNormaAngela Meade, Roberto Aronica, Veronica Simeoni, Simón Orfila, Maria Miró, Antonio Lozano.Roberto Abbado, Davide Livermore.Teatro Real. Madrid, viernes 21 de octubre de 2016. Página web del Teatro RealPrograma de ManoCríticas del estreno en prensaSeñores que saben mucho



Cuestión de Sensibilidad

2 de octubre

Música y persona

Cuando conoces a una persona, inconscientemente tiendes a analizarla, a rastrear en la totalidad de su ser peculiaridades que de manera automática se contrastan con nuestras afinidades. Expresividades gestuales corporales como la forma de caminar, el movimiento de las manos al hablar, el propio timbre de voz, son superadas en valor analítico por los datos faciales, en especial la manera e intensidad de la mirada hacia uno mismo y hacia los demás. Ahí es donde podemos valorar la profundidad de su estado anímico con respecto al nuestro. Entonces, en ese preciso momento, tomas una decisión afectiva, sabes a ciencia cierta si hay complicidad; incluso puedes atreverte a un juicio moral sobre él o ella. Si la impresión es positiva, poco a poco se va descolgando de la boca ese proyecto de sonrisa que todos ofrecemos cuando nos encontramos a gusto con alguien. Una flor del alma que se regala. En ese nido nace la amistad, la amistad del adulto, la más electiva de todas. Y en ese instante, y ésto es posible que sea una peculiaridad estrictamente mía, tiendo a asignarle una Música personal, una banda sonora para un ser humano, único e irrepetible. Una fotografía de notas, para siempre. Una futura evocación. Una Música que casi siempre conforma la elección personal del evocador. Bajando a lo concreto, que es donde se sustancia la realidad, quiero decir que hace apenas una semana he conocido a una persona. Una persona buena, por encima de todas sus cualidades, que son muchas. Una persona que enseguida descolgó mi sonrisa. Una persona que volvió a dar sentido a la manida y digitalizada palabra amistad: Alfredo Cot González. Un relator de sentimientos. Una emoción. La Música que le acompaña, su preferida, también la más adecuada a su forma de ser y estar, son esas maravillosas melodías intensamente arrastradas y untuosas de Giacomo Puccini. Por ofrecer un ejemplo bien conocido y adecuado, recordemos el aria “O Mio Babbino Caro” de su ópera Gianni Schicchi, en versión de la inconmensurable Maria Callas: (vídeoΔημήτρης Βογιατζόγλου)

E così dolce il suon della sua voce...

4 de septiembre

Un casi impecable Kaufmann...

Decir Puccini es sinónimo de sentimiento, de emociones, y a la par, de éxito asegurado. Muchos somos los melómanos que adoramos al compositor de Lucca, por su música y por todas las sensaciones que con ella nos hace vivir. Algo parecido sucede hoy en día en los teatros de ópera cuando se pronuncia el nombre de JONAS KAUFMANN. Decir su nombre es algo equivalente a un “sold out”, buenas expectativas y ganas de pasar una estupenda velada. Pero ojo, esto lleva con sí un poco de trampa y duda, porque no debemos olvidar que el divo muniqués hace sufrir a su público hasta el último momento. La sombra de la cancelación siempre envuelve su figura, y hasta que no le ves aparecer encima del escenario no puedes soltar el aire, respirar tranquilamente y decir “sí, esta noche va a ser inolvidable”. Es algo similar a lo que en catalán diríamos “el blat no pots dir que és blat fins que no és al sac i ben lligat, i tot així, encara s´escapa”. Un comprometido programa Puccini + Kaufmann. Esta es la propuesta que nos trae este DVD titulado “Jonas Kaufmann. An evening with Puccini” un concierto realizado en el Teatro alla Scala de Milan el 14 de junio de 2015. Comprometido decía porque el tenor bávaro introduce en concierto arias difíciles de escuchar en las salas de los coliseos más grandes por los cuales se pasea, merecidamente, con un desafiante descaro– en el mejor sentido de la palabra. Así pues a Jonas Kaufmann no le tiembla el pulso ni la voz a la hora de medirse cara a cara con el público milanés, y su desfile empieza con una tremenda aria, preciosa donde las haya e injustamente desechada en el fondo de un cajón “Ecco la casa, dio che orrenda notte” de “Le Villi”. Es aquí donde ya empieza a mostrarnos una vez más lo asentado que está su registro agudo. Las notas altas salen y brillan con luz propia dejando atrás ese color broncíneo oscuro de su voz. Su discurso fluye quizás con un tempo para mí demasiado lento, pero ello nos permite poder gozar del fraseo impecable e inteligente de este artista que tiene el don – gracias a Dios- de entender que la música y las palabras tienen que ir unidas. Kaufmann sabe darles el sentido que necesitan y merecen para que lleguen al público y produzca en ellos el efecto mágico que todo cantante, creo, desea: que al oyente se le ponga el vello de punta. Y Jonas Kaufmann lo consigue en más de una ocasión a lo largo de este concierto. Siempre he dicho, hasta ahora, que Kaufmann y Puccini eran un poco como el aceite y el agua. Siempre he sentido un poco de reticencia por los puccinis kaufmanianos porque en nada de lo que le había escuchado le había encontrado de lleno en el estilo que la música del gran Giacomo Puccini requiere: dulzura, cuando se necesita; vísceras cuando vas a morir desesperado; cariño y admiración ante el primer estallido sexual de un estudiante de 20 años; o el empuje y arrogancia de un hombre que se  ve ya vencedor de una prueba que le dará como medalla a una princesa a la que debe fundir con su sangre hirviente de fervor. No. Jamás había escuchado a Kaufmann hacer esto hasta este concierto en Milán. Es aquí donde encuentro en su actuación todo esto: brillo, estilo, pulcro fraseo, sus medias voces – que no obstante ya conocemos- pero que aquí llenan de sentido su interpretación. Y sobre todo, algo que también ya sabemos, el dominio del texto aunque aquí esto quede mucho más remarcado. Un claro ejemplo de todo ello, su “E lucevan le stelle”de la “Tosca”. Bravo. Bravo Kaufmann. Impecable Así podría definir sus dos grandes arias de “Manon Lescaut”, en primer lugar su “Donna non vidi mai” para después cambiar de rango y pasar de la dulzura del enamoramiento al ruego más desesperado del hombre que ama con su “Guardate, pazzo son”. Agudos asentadísimos, no hace falta que repita elogios porque van todos en la misma línea, minuciosos detalles en su fraseo e uso inteligente de nuevo de las medias voces. Y algo parejo sucede también con otra que resulta ser también impecable, su “Or son sei mesi” de “La fanciulla del west”. De nuevo aquí Kaufmann pone sobre las tablas todos sus medios y recursos de los que dispone para que su canto llegue al corazón igual que el dardo que da en el centro de la diana. Kaufmann es así. Sorprendente pero previsible. Sabes que lo hará, pero lo mágico está en que nunca sabes cómo lo hará. Y ahí es donde sale el gran artista que Kaufmann es. Puede gustar más o menos su voz, su forma de cantar, su estilo o sus maneras pero Kaufmann es sin duda uno de los dos grandes tenores del momento, con el permiso aún del Decano de todos ellos. El concierto, dirigido por JOCHEN RIEDER que debutaba en la Scala de Milán al frente de su orquesta titular, termina con uno de los grandes hitsdel mundo operístico, y no es ni más ni menos que un muy raído, pero siempre bello y agradecido, “Nessun dorma” que Kaufmann sortea sin dificultad, con estilo indiscutible y con los agudos que le corresponden, a pesar de que esta pieza, esta gran aria para siempre jamás irá asociada a la voz del muy añorado Luciano Pavarotti. No tenemos ahora al divo de Módena, pero Kaufmann es un digno candidato para hacer que este “Nessun dorma” continue siendo inmortal. El concierto finaliza precisamente, como decía, al son de “Vincerò” pero, y es algo ya connatural en todos los conciertos que después del oficial que figura en programa, vengan los bises, y en eso Kaufmann es uno de los más generosos. Cinco ni más ni menos ofreció el alemán, empezando como no, por “Recondita armonía” de la “Tosca” y allí de nuevo Kaufmann vuelve a emocionar con voz y sobre todo por haber mejorado – para mí- el estilo y la forma de afrontar esta delicada aria que se canta, no lo olvidemos, dentro de una iglesia. Su discurso un tanto lento – quizás como decía al principio del escrito- es lo que puedo reprocharle al muniqués, pero, la lentitud tiene – como decía también- su parte positiva permitiéndole envolver y dotar de sentido latente a las palabras pronunciadas. Su “Sei tu” final dirigido a Tosca disminuyendo volumen dota a la pieza de una originalidad curiosa. Sí, Kaufmann es un gran cantante señoras y señores. Su “Ch´ella mi creda”, segundo de los bises, no es tan emocionante como su hermana mayor antes ya comentada “Or son sei mesi” y cierra el capítulo de la sutilidad con su ya famosa “Ombra di nube” etiqueta que distingue a Jonas Kaufmann. Es de aquellas piezas que en sus conciertos o recitales jamás, jamás fallan. Y el ambiente, ya más relajado, nos lleva a la preciosa “Non ti scordar di me” donde el tempo lento vuelve a jugar, tal como es consabido, a favor del tenor alemán. Él lo sabe y lo explota al máximo. Y cuando uno se despajarita… Pues cuando uno se despajarita, está en los bises, es agasajado con ramos de flores espontáneos de las féminas que llenaban la Scala, cuando uno percibe cajas de regalos en pleno escenario, vítores y bravos sin parar, entiendo que suba la temperatura, del teatro y del propio tenor. Así es que, Kaufmann ni corto ni perezoso, con la ayuda del maestro Rieder, en un acto – para mí- de poco respeto al público que llenaba la Scala, se desabrocha un botón de la camisa y se saca la pajarita negra del esmoquin. Y, como decía, cuando uno se despajarita, sucede lo que sucede, se desconcentra, se lía con la letra aunque sin perder el compás, y coloca la segunda estrofa del “Nessun dorma” en la primera, en un gesto espontáneo del propio tenor que payasea ante su propia patinada. Él se lo toma riendo, salva la pieza e impresiona con su agudo final. La fiesta termina y todo son risas y alegrías. Me alegro por él aunque a mí me quede un regusto agridulce ante semejante escena. Aunque todos somos humanos y todos nos equivocamos, cosas así – aunque restará como una mera anécdota simpaticona- no hacen ningún favor ni bien a un artista de la talla y categoría de Jonas Kaufmann. Una lástima. Impecable, Kaufmann… casiimpecable.  

Giacomo Puccini
(1858 – 1924)

Giacomo Puccini (22 de diciembre de 1858 - 29 de noviembre de 1924) fue un compositor italiano de ópera, considerado entre los más grandes, de fines del siglo XIX y principios del XX. Nació en Lucca, localidad toscana. Es uno de los pocos compositores de ópera capaces de usar brillantemente las técnicas operísticas alemana e italiana. Se le considera el sucesor de Giuseppe Verdi. Algunas de sus melodías como "O mio babbino caro" de Gianni Schicchi y "Nessun Dorma" de Turandot forman parte hoy día de la cultura popular. Su primera ópera fue Le Villi (1884) y su primer triunfo Manon Lescaut (1893). Además de doce óperas, Puccini escribió otras obras notables, como una Misa solemne, un Himno a Roma, un capricho sinfónico, dos preludios sinfónicos y tres minués para cuarteto de cuerda.



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